Los médicos cubanos en Bolivia

Fuente: La Jornada                                                                 Tanalís Padilla*                                                                             10.11.22

Hoy se cumple el tercer aniversario del golpe de Estado contra el entonces presidente de Bolivia Evo Morales. Varios actores propiciaron la destitución del primer presidente indígena en un país donde entre 41 y 62 por ciento de los habitantes se identifican como indígenas. Casi tres semanas antes del golpe se habían llevado a cabo elecciones en las cuales Morales había sido relegido con 47 por ciento del voto con poco más de 10 puntos sobre su contendiente más cercano.

Desde antes de las elecciones la derecha había indicado que no aceptaría unos comicios que dieran el triunfo a Morales. La oligarquía cruceña movilizó sus fuerzas de choque fascistas, los cuales, a la victoria de Morales, se dedicaron a atacar y a torturar a militantes de su partido, en ocasiones quemando sus casas y amenazando a familiares de varios mandatarios del MAS. Carlos Mesa, líder centrista y también candidato a la presidencia, alentó la desestabilización proclamando que había habido un fraude monumental al que había que responder con una movilización permanente. A escala internacional la OEA legitimó el golpe con su reporte que apuntaba –sin legítima evidencia– que las elecciones habían presentado manipulaciones intencionadas y serias irregularidades. Su secretario general, Luis Almagro, sigue sosteniendo esta visión a pesar de los numerosos análisis internacionales que demuestran la no evidencia de fraude.

Desde que Morales asumió la presidencia en 2006 las condiciones de vida para la gran mayoría del pueblo boliviano mejoraron impresionantemente. Su administración invirtió en salud pública, educación y pensiones; nacionalizó las industrias de gas, petróleo, electricidad e hidrocarburos; distribuyó tierra a campesinos; redujo el hambre considerablemente; aumentó el salario mínimo real 140 por ciento, y bajó la pobreza 40 por ciento y la extrema pobreza 60 por ciento.

Un componente esencial en la mejora de las condiciones de vida fue la llegada de médicos cubanos. No era la primera vez que Cuba manifestaba este tipo de solidaridad con el país andino. En su libro Healing the Masses, Julie Feinsilver detalla cómo, en la década de 1980, arquitectos y personal cubano construyeron tres unidades pediátricas de cuidados intensivos en Bolivia, entregándolas completamente equipadas. Cuba también vendió medicamentos al país a un costo 10 veces menor que las farmacias trasnacionales.

El internacionalismo médico cubano se intensificó dramáticamente con la llegada de Morales a la presidencia y bajo el marco de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA). En su libro Healthcare without Borders, John Kirk da una idea de su alcance y dimensión: entre 2006 y 2013 arribaron de Cuba 816 médicos, 305 técnicos de salud, 68 personal de apoyo y 19 dentistas que se desplazaron a las áreas más pobres. Llegaron a atender a 22.3 por ciento de la población boliviana. Además, bajo la Operación Milagro, se les devolvió la vista a 632 mil 87 personas (incluyendo a Mario Terán, el asesino del Che Guevara). En este periodo llegaron 265 profesores de medicina cubana a dar capacitación en 191 clínicas bolivianas. Por si fuera poco, también había 3 mil 800 médicos bolivianos formados en Cuba y 4 mil 302 cursando carreras de medicina gratuitamente en la Escuela Latinoamericana de Medicina en La Habana.

Esta colaboración continuó durante el tercer mandato de Morales hasta que en 2019 llegó a un abrupto fin con el golpe de Estado. Las fuerzas golpistas añadieron a su campaña racista antindígena, una fuerte dosis de xenofobia anticubana. Fueron poco originales, pero muy efectivos: que los cubanos no eran médicos bien formados; que les quitaban el trabajo a los médicos bolivianos; que fomentaban el comunismo, y que estaban repartiendo armas y propaganda al pueblo que defendía a Morales.

En los días en que se gestó el golpe, elementos del ejército y de la policía catearon las residencias de los brigadistas cubanos denigrándolos, apuntándoles con armas y desnudando a las mujeres; se llevaron sus objetos personales además del dinero para cubrir sus estipendios, así como computadoras y autos (de propiedad cubana) que los brigadistas utilizaban para desplazarse a atender pacientes. Hubo amenazas de quemar sus residencias y, en El Alto, cuatro miembros de la brigada fueron apresados por la policía. La jefa de la misión medica cubana, Yoandra Muro, describió la experiencia diciendo: te acostaste siendo un médico digno y querido y te levantaste siendo un terrorista.

Ante tales amenazas, el gobierno cubano retiró sus 730 brigadistas, tarea nada fácil, ya que estaban desplazados por todo el país, eran detenidos en retenes, y sus colaboradores bolivianos estaban bajo igual asedio. “Te dolía como ser humano irte –rememoró después Muro– saber que dejabas 33 hospitales en Bolivia que se quedaban sin profesionales, que se quedaban sin un cirujano, sin un pediatra, sin un anestesiólogo, y esto duele desde el punto de vista humano, médico sobre todo.”

En octubre de 2020 el golpe fue revertido con la elección del Luis Arce del MAS. A pesar de su abrumadora victoria, la derecha no abandonó sus intentos por sabotear la democracia como se puede ver en sus actuales acciones para desestabilizar al país. En Bolivia, como en otros países latinoamericanos con gobiernos de izquierda, las fuerzas de la reacción siguen fuertes y cuentan con un aliado imperial. Sigue un clima adverso que, gracias al bloqueo estadunidense, nadie conoce mejor que el pueblo cubano. Su histórica respuesta de internacionalismo médico nos muestra un camino de solidaridad regional en beneficio de los más necesitados.

Profesora-investigadora del Instituto Tecnológico de Massachusetts. Autora de Unintended Lessons of Revolution, una historia de las normales rurales.

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