
El sistema capitalista premia los ciclos a corto plazo, pero construir un futuro digno es una tarea lenta que requiere organización disciplinada y una lucha constante para hacer surgir las fuerzas sociales de un mundo nuevo.
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Olalekan Jeyifous (Nigeria), Devotees of the Petrotopia 01 [Los devotos de Petrotopia 01], 2021.
Queridas amigas y amigos,
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
En 1921, unos años después del inicio del experimento soviético, Vladimir Ilich Lenin publicó un ensayo con el revelador título “Nuevos tiempos, viejos errores del nuevo tipo”. El ensayo abrió una línea de indagación que acompañaría a Lenin hasta el final de su vida, tres años después. Lo cautivaba el problema de cómo construir el socialismo en un país devastado por la guerra, con un capital mínimo a su disposición, una sociedad mayoritariamente campesina con altas tasas de analfabetismo (alrededor del 70%) y sin una administración pública capaz de gestionar un Estado de orientación socialista. En el ensayo, Lenin reflexionó:
Después de esfuerzos inmensos, inauditos, la clase obrera de un país arruinado, de pequeños campesinos, que ha sufrido un gran desclasamiento, necesita tiempo para que las nuevas fuerzas puedan crecer y elevarse, para que las fuerzas viejas y consumidas puedan “recobrarse”. … Esto hay que comprenderlo y hay que tener en cuenta la retardación necesaria o, más bien inevitable, del crecimiento de las nuevas fuerzas de la clase obrera.
Este boletín estará dedicado a la idea del “intervalo de tiempo” necesario para que un “país arruinado” sea resucitado de su atraso hacia el socialismo (he estado pensando en esto mientras releo nuestro dossier 100, El futuro). Discutiremos esta idea en términos de la lentitud con la que madura un proceso socialista mientras la sociedad capitalista tiembla en crisis. El concepto de “lento para madurar” se introducirá aquí y se profundizará posteriormente en el trabajo de nuestro instituto.
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Konstantin Yuon (URSS), People [Pueblo], 1923.
Todas las revoluciones socialistas del mundo moderno han tenido lugar en las naciones más pobres, donde el campesinado es predominante y donde la riqueza ha sido sistemáticamente extraída de su territorio hacia tierras lejanas. En estas naciones más pobres, los nuevos gobiernos revolucionarios, ya sea en la Unión Soviética (1917), Vietnam (1945), China (1949) o Cuba (1959), tuvieron que desarrollar su propia capacidad estatal prácticamente desde la nada y acumular capital para la construcción de infraestructura e industria. Ni la capacidad estatal ni el capital fueron fáciles de conseguir para estos procesos revolucionarios, lo que los obligó a experimentar de maneras que no han sido debidamente documentadas. Aquí presentamos seis puntos construidos a partir de lo que sí sabemos sobre estos procesos, que sirven como base para desarrollar una teoría del concepto “lento para madurar”. Te invitamos a escribirnos con tus propias ideas sobre este concepto basadas en tus experiencias y estudios.
1. La confianza se acumula lentamente, y los viejos hábitos son difíciles de romper
Los gobiernos revolucionarios heredan estructuras moldeadas durante generaciones por jerarquías ancestrales de casta y tribu que rigen las relaciones agrarias, por la humillación, la expropiación colonial y por la privación social total. Lxs bolcheviques en la Unión Soviética, por ejemplo, descubrieron rápidamente que la antigua cultura burocrática zarista no desapareció en octubre de 1917. La corrupción, la deferencia a la autoridad y la desconfianza hacia las instituciones colectivas persistieron durante años. En China, después de la Revolución de 1949, el Partido Comunista se enfrentó repetidamente a los restos de la jerarquía confuciana, los sistemas regionales de patronazgo y los hábitos de supervivencia campesinos formados durante siglos de inseguridad. En Cuba, después de 1959, el liderazgo revolucionario habló abiertamente de crear un “hombre nuevo” porque comprendieron que la conciencia socialista no podía decretarse de la noche a la mañana.
Los pueblos que viven la violencia del colonialismo y las desigualdades del capitalismo aprenden a protegerse individualmente o a través de redes familiares. Para que un proyecto socialista tenga éxito, las personas deben aprender a confiar en los sistemas colectivos. Esa confianza crece lentamente a través de la experiencia, con escuelas que funcionan, clínicas donde se sana, viviendas que protegen e instituciones que perduran. Una revolución puede tomar el poder del Estado rápidamente, pero no puede transformar la psicología social de forma acelerada.
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Douglas Pérez (Cuba), El porvenir, 2008.
2. Las redes de comercio y finanzas favorecen el orden global existente
El capitalismo no domina solo a través de la ideología, sino mediante redes arraigadas de comercio y finanzas, así como por medio de la infraestructura de transporte y comunicación. Los países que intentan una transformación socialista entran en un mundo ya organizado en torno a la acumulación capitalista. Después de la Revolución Rusa, la Unión Soviética enfrentó dificultades porque las cadenas de suministro industrial, las redes bancarias y las rutas comerciales estaban controladas por potencias capitalistas hostiles. La experiencia de Cuba después del colapso de la Unión Soviética en 1991 lo mostró con claridad: la isla perdió el acceso a combustible, repuestos, crédito y relaciones comerciales casi de la noche a la mañana debido a que la economía mundial estaba estructurada en torno a sistemas de los que Cuba quedaba en gran medida excluida (y de los que ahora se la excluye aún más por el bloqueo petrolero ilegal operado por Estados Unidos). Vietnam, después de la reunificación en 1975, enfrentó enormes dificultades para reconstruir una economía devastada por la guerra mientras permanecía fuera de los circuitos financieros y comerciales dominantes. Los sistemas existentes se reproducen a sí mismos porque toda institución, desde los puertos hasta las monedas y los estándares de software, funcionan a su favor. Construir redes alternativas lleva décadas, no años.
3. Los costos de capital e infraestructura son inmensos en los países empobrecidos por el colonialismo
Cuando lxs revolucionarixs vietnamitas derrotaron al imperialismo estadounidense, heredaron un país físicamente devastado por los bombardeos y químicamente envenenado por el Agente Naranja. Cuba heredó una economía basada en el monocultivo de azúcar, atada casi por completo a Estados Unidos. China en 1949 emergió de un siglo de humillación y caudillismo militar, del imperialismo japonés y de la guerra civil, con una baja esperanza de vida, analfabetismo masivo y una débil capacidad industrial.
Estas revoluciones tuvieron que construir ferrocarriles y puertos, escuelas e instituciones científicas, redes eléctricas y fábricas de acero, casi desde cero. Los países capitalistas del Atlántico Norte se industrializaron durante siglos, financiados mediante la esclavización, el saqueo colonial y el tributo imperial. Se esperaba que las instituciones estatales socialistas de los países más pobres que habían sido colonizados comprimieran este proceso en unas pocas décadas mientras estaban bajo bloqueo o amenaza militar, y luego se les acusó de fracaso estatal. La inmensa carga material frenó la transformación.
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Đặng Thái Tuấn (Vietnam), Sin título (Mobile Convenience Store [Almacén móvil]), 2021.
4. Las presiones externas, como sanciones, sabotajes, aislamiento diplomático y guerra, retrasan el desarrollo
Todo Estado revolucionario del Tercer Mundo ha enfrentado cerco militar o castigo económico. La Unión Soviética fue invadida por soldados de más de una docena de países después de 1917 y luego enfrentó la invasión nazi, que mató al menos a 27 millones de ciudadanxs soviéticxs y destruyó decenas de miles de pueblos y ciudades. Cuba ha soportado décadas de sanciones estadounidenses diseñadas explícitamente para crear escasez y malestar social. El gobierno de la Unidad Popular en Chile intentó una transformación estructural, pero enfrentó una desestabilización económica inmediata, resistencia de las élites e intervención externa antes de que pudieran consolidarse reformas de largo plazo. El gobierno sandinista de Nicaragua enfrentó una guerra de la Contra financiada por Estados Unidos y el minado de los puertos del país, incluido Corinto. Vietnam libró una guerra anticolonial desde 1945 hasta 1975.
Estas presiones consumieron recursos que habrían ido al desarrollo social. Las sanciones aumentan los costos de transacción, limitan el acceso a la tecnología y generan escasez crónica. La guerra destruye infraestructura y redirige la mano de obra hacia la defensa. Bajo estas duras condiciones, surgen ineficiencias no por la ideología o errores de planificación, sino por las condiciones de emergencia permanente impuestas por potencias hostiles.
5. Todo proceso es ineficiente en sus etapas iniciales
Los Estados revolucionarios intentan crear nuevos sistemas administrativos mientras simultáneamente expanden la educación y la salud, y llevan a cabo la reforma agraria y el desarrollo industrial. Los errores y la confusión burocrática, los obstáculos y la escasez son inevitables. El sistema de planificación soviético de los primeros tiempos enfrentó dificultades de coordinación porque no existía un precedente histórico para la administración de una economía continental basada en la justicia social y no en la ganancia. Las comunas y los experimentos industriales de China sufrieron por una débil experiencia técnica y una implementación local desigual. En Cuba, la escasez de profesionales capacitadxs se intensificó cuando muchxs huyeron a Miami después de la revolución.
La administración pública aprende mediante la práctica. Las instituciones maduran a través del ensayo y error. Se espera que las administraciones socialistas en las naciones más pobres logren eficiencia de inmediato mientras enfrentan embargos, bajas tasas de alfabetización y escasez tecnológica. La ineficiencia inicial no es, por lo tanto, excepcional sino característica de cualquier transformación social a gran escala.
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Ming Wong (Singapur), Ascent to the Heavenly Palace III, [Ascenso al palacio celestial III], 2015.
6. Los ciclos electorales cortos obstruyen la transformación social
La transformación social requiere horizontes de planificación medidos en décadas, no en los ciclos electorales de cuatro o cinco años que recompensan el consumo inmediato por sobre la reconstrucción a largo plazo. Los gobiernos revolucionarios requieren paciencia antes de que aparezcan las ganancias visibles. Incluso fuera de los Estados explícitamente socialistas, los gobiernos que intentan programas redistributivos o de desarrollo a menudo enfrentan el sabotaje a través de las elecciones antes de que los proyectos maduren. La política transformadora exige continuidad, pero los sistemas electorales moldeados por los ciclos mediáticos y las presiones financieras recompensan la gestión a corto plazo. Por lo tanto, los experimentos socialistas se enfrentaron repetidamente a la contradicción entre el tiempo histórico (la larga duración necesaria para rehacer la sociedad) y el tiempo electoral (el ritmo comprimido de la política moderna).
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Eva Schulze-Knabe (DDR), Demonstrierende Frauen [Mujeres manifestándose], 1952.
En la obra La Madre de Bertolt Brecht (1931), la protagonista, Pelagea Vlassova, atraviesa una tragedia tras otra hasta que la Revolución Rusa la arrastra a la acción. Cuando se encuentra en una cocina con varias mujeres, una de las cuales se queja de que oyen decir que el comunismo no es más que un crimen, responde cantando:
Es sensato, cualquiera puede entenderlo. Es fácil.
Si no eres un explotador, puedes comprenderlo.
Es bueno para ti. Míralo bien.
Los estúpidos lo llaman estúpido, y los podridos lo llaman podrido.
Está contra lo podrido, y contra la estupidez.
Los explotadores lo llaman un crimen.
Pero nosotros sabemos
que es el fin del crimen.
No es locura sino
el fin de la locura.
No es caos
sino orden.
Es la cosa simple
tan difícil de lograr.
Cuando pienso en “lento para madurar”, recuerdo la canción de Vlassova. Ella trabajó toda su vida y, sin embargo, tenía poco que mostrar a cambio, salvo su dignidad. Quizás no tenía una educación completa, pero no le faltaba ingenio. Sabía que el comunismo es “algo sencillo”, pero no vivía en un mundo de ensueño. Es sencillo, pero “tan difícil de lograr”.
Cordialmente,
Vijay








