Según el diccionario Espasa de dichos y frases hechas de Alberto Buitrago, “cuando no existía el cemento, los ladrillos o piedras se fijaban con mortero, un compuesto de cal –el material caro y noble– y otra de arena, más abundante”. La expresión se trasladó a la vida cotidiana aludiendo a una buena noticia acompañada de otra de signo contrario. Llevada al terreno de las ideas, ha sido una manera elegante de posicionarse contra una alternativa, reconociendo, a la vez, algún logro. Una forma espuria de construir argumentarios para salvar el honor personal en nombre de la objetividad. Un sí, pero no.
Si nos referimos a Cuba, la expresión “una de cal y otra de arena” se traduce en mucha arena y nada de cal. Para sus detractores, la revolución logró avances en derechos, políticas de igualdad, justicia social, sanidad, educación, vivienda, y trabajo. Sin embargo, se han esfumado. No hay medicamentos, el hambre asedia, el transporte es una pesadilla, las universidades se han deteriorado, el turismo se desploma, los cortes de luz son continuos y el pueblo es reprimido.
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