

El 27 de abril de 1994, millones de personas hicieron cola durante horas bajo el sol de Sudáfrica. Muchas llevaban toda la vida esperando ese momento. Muchas nunca habían votado. Algunas nunca pensaron que lo harían. Las filas se extendían por kilómetros en ciudades y townships, esas concentraciones urbanas segregadas donde el régimen había confinado a la mayoría negra durante décadas. Era la primera vez en la historia de Sudáfrica que todas las personas, con independencia del color de su piel, tenían derecho a depositar una papeleta. Esa jornada — que se extendió cuatro días, entre el 26 y el 29 de abril — se conmemora cada año el 27 como el Freedom Day, el Día de la Libertad, fiesta nacional de la República de Sudáfrica. Y merece ser mucho más que eso.










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