MPR21 Redacción 13/04/26
Como ya explicamos, la postura pakistaní de mediación no es desinteresada. El gobierno pakistaní no tiene dinero para devolver un préstamo a Emiratos Árabes Unidos y quien van a devolver el dinero es Arabia saudí y Qatar, a cambio de un despliegue militar pakistaní en el Golfo. Pakistán aspira a sustituir el papel “protector” de Estados Unidos en Oriente Medio.
El despliegue estaba ya contratado antes del inicio de las negociaciones en Islamabad y el 11 de abril, en medio de las negociaciones, se puso en ejecución: 13.000 soldados y unos diez cazas JF-17 tomaron posiciones en la base rey Abdulaziz, a pocos kilómetros del corazón petrolero saudí.
Los saudíes presentan el despliegue como una activación del Pacto de Defensa Estratégica firmado en septiembre del año pasado entre Arabia Saudí y Pakistán, cuya cláusula central así lo establece “cualquier agresión contra uno de los dos países será considerada agresión contra ambos”.
Arabia Saudí paga 5.000 millones de dólares, Qatar firma conjuntamente y Pakistán envía sus tropas para defender a ambos contra los ataques iraníes. El ministro de Defensa saudí, el príncipe Khalid Bin Salman, comentó: “Arabia Saudita y Pakistán están unidos contra el agresor”.
Irán siempre ha distinguido dos tipos de agresión. Un ataque directo de Estados Unidos (desde portaaviones o la base qatarí de Al Udeid) conduce a una respuesta contra las fuerzas estadounidenses. Pero un ataque llevado a cabo desde el territorio de un país del Golfo (Arabia Saudí, Emiratos, Bahrein) transforma a este país en un cobeligerante. Luego, Irán atacaría su infraestructura, incluido el petróleo.
Los ataques iraníes contra los países del Golfo pretenden precisamente hacerles pagar el precio de su cooperación con Estados Unidos. Es la razón por la que las monarquías del Golfo siempre se han negado oficialmente a permitir que sus bases sirvan como trampolín para una guerra contra Irán, pero hasta ahora no han podido impedir que Estados Unidos haga lo que estime oportuno.
Al trasladar 13.000 soldados y cazas JF-17 a las bases saudíes, Pakistán envía un triple mensaje:
A Irán: No seréis atacados desde este territorio, porque estamos allí. Si los estadounidenses o Israel atacan desde aquí, su respuesta nos afectará. Pero no queremos la guerra con vosotros.
A Arabia Saudí: Ya no se puede autorizar un ataque estadounidense desde su suelo sin involucrarnos directamente.
A Estados Unidos: Ya no se puede utilizar la Península Arábiga como base de retaguardia para atacar a Irán porque tendrás que enfrentargte con nosotros.
La amenaza de asesinato de los negociadores iraníes
Tan pronto como el avión de la delegación iraní entró en el espacio aéreo pakistaní, la Fuerza Aérea de Pakistán desplegó un dispositivo sin precedentes: cazas de escolta, aviones de detección avanzada AWACS y aviones de guerra electrónica. El avión iraní apagó su transpondedor (haciéndolo invisible para los radares civiles) mientras un avión pakistaní volaba junto a él con el transpondedor encendido, actuando como señuelo. La escolta tenía por objeto evitar cualquier intento de asesinato selectivo o ataque israelí o estadounidense contra los negociadores iraníes.
Un dispositivo de este tipo no se ofrece a un oponente, sino para un aliado. Demuestra que Pakistán estaba dispuesto a comprometer sus fuerzas para garantizar físicamente la seguridad de los iraníes frente a Estados Unidos e Israel.
Tres días antes de la apertura de las conversaciones de Islamabad, el Washington Post publicaba una columna pidiendo abiertamente la ejecución de los dirigentes iraníes que se habían participado en las negociaciones, en caso de que fracasaran. “Los dirigentes iraníes deben comprender que sus vidas dependen literalmente de llegar a un acuerdo negociado de acuerdo con los deseos de Trump. Si se niegan, los matarán”.
No es una opinión marginal. Refleja la escuela mafiosa de la política estadounidense. Para los iraníes, es una prueba de que sus vidas estarían en peligro si negociaban directamente con Washington, sin un mediador capaz de protegerlos físicamente.
La garantía china: los cazas JF-17
Los JF-17 no son un avión cualquiera. Está diseñado conjuntamente por Pakistán y China. Está equipado con un radar AESA y misiles chinos PL-15E, cuyo alcance supera los 145 kilómetros. El misil PL-15, al servicio del ejército chino desde 2016, alcanza Mach 4. Es su primer despliegue en el Golfo, un área históricamente bajo control militar estadounidense. Es la primera vez que se han instalado medios predominantemente chinos, no controlables por Estados Unidos o Israel, en el corazón del sistema de defensa saudí.
China es el principal aliado de Pakistán y el mayor cliente de petróleo de Arabia Saudí (alrededor de 1,6 a 2 millones de barriles por día antes de la guerra). Al mismo tiempo, el gobierno de Pekín tiene los medios para garantizar que este despliegue no resulte contraproducente para Irán.
El 9 de abril el ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, publicó y luego eliminó un mensaje agresivo contra Israel. Fue una señal dirigida a Irán y a la opinión regional: la asociación militar con Riad no significa alineación con Israel ni disponibilidad para una guerra contra Iraní. Este tipo de mensajes contribuyeron a crear un clima de confianza: “No estamos del lado de Israel, no permitiremos que nuestra alianza con Arabia Saudí se utilice en contra de Irán”.
Irán no ha denunciado el despliegue pakistaní en Arabia Saudí. Es una prueba de que Teherán ha entendido el mensaje y lo acepta. Al final de las conversaciones, el presidente del parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, jefe de la delegación iraní, dijo : “Aprecio los esfuerzos del país hermano y amigo Pakistán para facilitar este proceso de negociación, y extiendo mis saludos al pueblo de Pakistán”.
El bloqueo extiende la guerra a dos potencias nucleares
Un bloqueo naval es un acto de guerra según la Resolución 3314 de la ONU y el Manual de San Remo (*). Por lo tanto, Trump ha declarado la guerra a Irán. Las bases saudíes desde las que se debería imponer, se convertirían en los primeros objetivos de una respuesta iraní, a pesar de las negaciones oficiales de Riad.
Pero el bloqueo de Trump no es sólo una medida contra Irán. Es una amenaza tanto contra China (para que deje de apoyar a Teherán) como contra Pakistán (para que renuncie a su doble juego de mediador).
China es el mayor cliente del petróleo iraní. Un bloqueo estadounidense impediría todo tránsito de petroleros a China, que está creando corredores de circunvalación, en particular a través de Pakistán y el Corredor Económico China-Pakistán. No puede aceptar la asfixia energética. Es es un riesgo de enfrontamiento directo entre Washington y Beijing.
Pakistán importa la mayor parte de su petróleo del Golfo. Sus 13.000 soldados desplegados en Arabia Saudí no son sólo un arma “en la espalda” de Estados Unidos; también son rehenes potenciales. Si el bloqueo desencadena una guerra generalizada, se cortarán los flujos de energía hacia Pakistán. Islamabad, que ya se encuentra en crisis económica, pagaría un alto precio.
Washington está jugando un juego peligroso. Un bloqueo extiende la guerra a dos potencias nucleares.
El cierre del Estrecho de Bab El Mandeb es una amenaza creíble
Si se implementa el bloqueo, Irán no dejará de responder. El 12 de abril los huthíes, aliados de Teherán, anunciaron que el Mar Rojo ya estaba cerrado total y permanentemente para usos militares estadounidenses e israelíes. En caso de una escalada estadounidense contra Irán, los huthíes volverían a participar activamente en las operaciones militares.
La amenaza de cierre del Estrecho de Bab El Mandeb es creíble. Los hutíes ya han demostrado su capacidad para atacar a los mercantes. Un cierre simultáneo de Ormuz y Bab El Mandeb reduciría las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí a cero, ya que el oleoducto este-oeste, que rodea Ormuz, conduce al Mar Rojo y casi todo sale hacia Asia a través de Bal El Mandeb. Riad se convertiría en la primera víctima colateral de la escalada estadounidense.
Esta secuencia revela una completa recomposición de las alianzas en Oriente Medio. Pakistán se establece como intermediario obligatorio entre Washington y Teherán, pero también como garante de la seguridad iraní frente a Estados Unidos. Recauda 5.000 millones de dólares de Arabia Saudí y establece su papel como potencia esencial.
Con el pretexto de defenderse, Arabia Saudí acepta esa mediación y paga para no verse arrastrada a una guerra que no puede controlar. Mientras, en silencio, China pone un pie en el Golfo con sus JF-17. No necesita bases; sus aviones vuelan bajo escarapelas pakistaníes.
Estados Unidos ha perdido el control de la región
Estados Unidos ha perdido el control y está intentando salvar las apariencias anunciando un bloqueo naval. Pero Islamabad ha mostrado algo más: la negociación decisiva no sólo enfrenta a Washington con Teherán. También se desarrolla entre Pakistán, Arabia Saudí, Irán y, en segundo plano, China.
El despliegue pakistaní en Arabia Saudí demuestra -por sí solo- que ya se ha formado un nuevo eje regional. Tamabién indica que algunos de los actores del Golfo ahora están tratando de evitar que se les imponga la guerra de acuerdo con el antiguo patrón de dependencia militar de Washington.
François Vadrot https://francoisvadrot.substack.com/p/islamabad-13-avril-2026-la-vraie
(*) El Manual de San Remo fue elaborado de 1988 a 1994 por un grupo de juristas y expertos navales que participaron, a título personal, en una serie de conversaciones para exponer el derecho internacional aplicable a la guerra marítima (https://international-review.icrc.org/sites/default/files/S0250569X0002481Xa.pdf)