El pueblo palestino necesitaba su particular ‘Éxodo’: una película épica que contara su versión de la historia. Annemarie Jacir la ha rodado disparando al corazón del colonialismo británico, origen de todo el horror que hoy vemos en Gaza y en Cisjordania.
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Hernán Zin contaba en una entrevista con La Marea que nunca oyó expresiones de odio antijudío en Gaza, al menos en los círculos en los que él se movía como documentalista. Es sorprendente cómo la comunidad palestina ha logrado mantener su humanidad intacta después de 90 años de abusos, robos, torturas, encarcelamientos, asesinatos y vejaciones. Estas personas han sido tratadas como animales en un matadero (literalmente) y al mundo no le ha importado lo más mínimo. No sólo no le ha importado, sino que ha contribuido, por acción o por omisión, a la masacre. Ese es precisamente el punto de vista que adopta la cineasta y poeta palestina Annemarie Jacir en su película Palestina 36. Nada de lo que ocurre hoy en Gaza hubiera sido posible sin la activa colaboración del Reino Unido. Activísima, habría que decir.







