
El escollo no es el circunstancial que hemos descrito hasta aquí, sino el permanente: Estados Unidos, que ha fundido el bloqueo a la estructura nacional en estos 67 años.
Mi estimado amigo Miguelito.
Me he leído con mucha atención y respeto tu artículo Cuba: el futuro incierto de una isla, que me ha enviado el amigo Walter. Perdona que sea tan directo.
Me pareció que hiciste más catarsis que análisis, aunque reconozco el valor personal y ético de mencionar llagas que han creado el roce generacional por fricción, debido a causas imaginadas o reales. No lo digo tanto por las úlceras dolorosas que mencionas en sí mismas en tu escrito, sino por protagonismos evaluados desde una perspectiva circunstancial, no estructural como debería ser para despejar dudas o confirmarlas.
Por si no se entiende la idea: es una evaluación de personas dentro de un espacio y tiempo específico (lo circunstancial) y no como presunto resultado de un cambio estratégico. Es muy importante tener en cuenta esos dos ámbitos.
Esa dimensión témporo-espacial es nuestro momento histórico, caracterizado por la miseria en la cual ha sido hundida la sociedad cubana por la guerra económica de destrucción genocida, y no por el modelo en sí, ni por una evolución del sistema hacia la transformación a la cual está empujando lo circunstancial.
Esa relación de lo temporal con el cambio hace casi imposible soslayar la comparación entre grupos sociales actuales porque es una situación real que se ha complicado en los últimos seis años con los gobiernos de Joe Biden y Donald Trump, ejecutores de la intensificación del bloqueo, y no por la falacia de que somos un Estado fallido.
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