¿Biden y Soros a la caza de la ballena blanca rusa?

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7 abril 2022
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¿Biden y Soros a la caza de la ballena blanca rusa?
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En su libro “The Power Elite” (1956), Wright Mills indica que la clave para entender la inquietud estadounidense se encontraría en la sobreorganización de su sociedad. Así, establishment sería “el grupo élite formado por la unión de las subélites política, militar, económica, universitaria y mass media de EE.UU.”, lobbies de presión “que estarían interconectados mediante una alianza inquieta basada en su comunidad de intereses y dirigidas por la metafísica militar”. Dicho concepto se apoya en una definición militar de la realidad y que habría transformado la economía en una guerra económica permanente y cuyo paradigma serían los Rockefeller al participar en los lobbies financiero, industria militar y judío y uno de cuyos miembros, David, sería el impulsor de Trilateral Comission (TC) en 1973.

¿Biden y Soros a la caza de la ballena blanca rusa?

Hasta Dwight Eisenhower, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) fue únicamente la organización de inteligencia central para el Gobierno de los EE.UU. y estuvo detrás de múltiples tareas de entrenamiento de insurgentes y desestabilización de Gobiernos contrarios a las políticas del Pentágono, pero los lobbies militar y financiero (ambos fagocitados por el looby judío) no pudieron resistir a la tentación de crear un Gobierno de facto que manipule los entresijos del poder, derivando en la aparición de un nuevo ente (el complejo militar-industrial, en palabras de Eisenhower), refractario a la opinión pública y al control del Congreso y Senado de los EE.UU.

En la actualidad, la Compañía se habría transmutado en el llamado Departamento de Seguridad Nacional (Homeland Security) y de la hidra-CIA habrían nacido 17 nuevas cabezas en forma de agencias de inteligencia que integrarían la Comunidad de Inteligencia de EE.UU. (la Cuarta Rama del Gobierno, según Tom Engelhardt), agentes patógenos de naturaleza totalitaria y devenidos Estado paralelo, verdadero poder en la sombra fagocitado por el “Club de las Islas”, de George Soros, y que se habría conjurado contra el presidente ruso Vladimir Putin.

¿Biden y Soros a la caza de la ballena blanca rusa?

Las durísimas declaraciones de Joe Biden sobre Rusia (“Putin es un criminal de guerra”) y la implementación de sanciones para lograr la asfixia económica y la inanición financiera de Rusia a raíz de la crisis ucraniana, han escenificado la llegada de la Guerra Fría 2.0 y el retorno de las tesis geopolítica de George Kennan, quien afirmó que “decir que el derrocamiento de los regímenes hostiles a EE.UU. es el objetivo principal de los servicios de inteligencia de EE.UU., es un secreto a voces”, que vendría simbolizado en el gazapo de Biden al afirmar que “Putin no merece estar en el poder”.

Putin es consciente de la nueva dinámica acción-reacción en la que se verán envueltas las relaciones ruso-estadounidenses a partir de este momento (Guerra Fría 2.0) y que se traducirá en el recrudecimiento de la estrategia kentiana de EE.UU. para asfixiar la economía rusa. Dicha estrategia bebería de las fuentes de la teoría expuesta por Sherman Kent en su libro “Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana” y publicado en 1949, donde anticipaba que “la guerra no siempre es convencional: en efecto, una gran parte de la guerra, de las remotas y las más próximas, ha sido siempre realizada con armas no convencionales: […] armas […] políticas y económicas”.

Más adelante añade que los instrumentos de la guerra económica “consisten en la zanahoria y el garrote”: “el bloqueo, la congelación de fondos, el ‘boicot’, el embargo y la lista negra por un lado; los subsidios, los empréstitos, los tratados bilaterales, el trueque y los convenios comerciales por otro”. Dicha doctrina se plasmaría en la reciente implementación de sanciones contra Rusia que persiguen lograr su inanición financiera y una asfixia económica que desemboque en un default o suspensión de pagos aunado con una inflación estratosférica, que provoquen una carestía de la vida inasumible por la sociedad rusa y que desemboque posteriormente en una Revolución de Colores contra Putin.

En el supuesto de fallar dicha estrategia, podríamos asistir al retorno de las tesis geopolítica de George Kennan, diplomático y consejero de EE.UU. en la década de los 40 e ideólogo de la denominada política de contención de la URSS, quien afirmó que “decir que el derrocamiento de los regímenes hostiles a EE.UU. es el objetivo principal de los servicios de inteligencia de EE.UU., es un secreto a voces”. Dicha doctrina podría tener su plasmación en un futurible complot contra Putin, complot que tendría la paternidad del llamado “Club de las Islas”, con activos cercanos a los 10 trillones de dólares y cuya cabeza visible, según el espía ruso Daniel Estulin, sería el financiero y experto diseñador de “revoluciones de colores”, George Soros.

Soros contaría con la ayuda del exiliado y exempresario petrolero Mijail Jodorkovski, creador de Rusia Abierta, para mover sus peones estratégicamente situados en puestos claves de la Administración, mass media, FSB (Servicio Federal de Seguridad ruso) y el Ejército para implementar un golpe de mano incruento contra Putin, reviviendo el golpe de mano contra Nikita Jruschov (1964). Así se cumpliría el sueño obsesivo de Soros y de la Open Society Foundation (OSF) de conseguir el sometimiento de Rusia, pues según Tyler Durden en el portal Zero Hedge, Rusia sería para George Soros la “ballena blanca que lleva décadas intentando cazar”.

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