30 aniversario de la victoria de Cuito Cuanavale, el principio del fin del Apartheid

Fuente:  https://forocontralaguerra.org/https://lapupilainsomne.wordpress.com/Abel Sosa Martínez.                               0El poblado de Cuito Cuanavale situado al sur de Angola, a unos 250 kilómetros de Menongue, capital de la provincia de Cuando Cubango, era hasta finales del año 1987 una localidad prácticamente desconocida para el resto del mundo. Recibe ese nombre por ubicarse en la confluencia de dos ríos, el Cuito y el Cuanavale.

Es a finales de ese año y principios de 1988 cuando alcanza notoriedad en la prensa internacional, al librarse en sus alrededores importantes y decisivos combates entre tropas racistas sudafricanas y las bandas de la UNITA por un lado y unidades internacionalistas cubanas, combatientes de las FAPLA y guerrilleros namibios de la SWAPO, por el otro.

Mi padre, Santiago Rogelio Sosa Pérez, oficial de las FAR y combatiente de dicha gesta, guarda en su memoria la primera visión que tuvo de aquel lugar: un pequeño pueblo de medio centenar de casas, totalmente destruidas por el fuego de la artillería sudafricana. Su reducido aeropuerto, los locales del gobierno, la escuela y una posta médica estaban en ruinas. Solamente un elevado tanque de agua, que se observaba desde la distancia y servía como punto de referencia, milagrosamente permanecía intacto sobre su base. La población local había abandonado el pueblo y este estaba completamente desolado, solo lo merodeaba algún que otro perro. La vegetación del lugar era escasa, rala y de baja altura.

Ahora, ¿qué antecedentes son los que originan la histórica batalla que se libró en los alrededores de esa localidad?

En el año 1987, especialistas militares soviéticos, bajo el mando del General Konstantinov, que asesoraban al alto mando de las FAPLA, le proponen a estas realizar una ofensiva a gran escala siguiendo el curso del río Longa, con el objetivo de expulsar a las fuerzas de la UNITA de sus bastiones tradicionales, ocupar las localidades de Mavinga y Jamba, esta última considerada la sede del “gobierno” de Savimbi; regiones del sur del país donde históricamente la UNITA había actuado, así como destruir importantes bases de operaciones de esa organización. Dicha operación fue codificada con el nombre de “Saludando a Octubre”, en homenaje al 70 aniversario del triunfo de la Revolución de Octubre.

Cuando este plan es discutido con la jefatura de la Misión Militar Cubana en Angola y esta a su vez consulta con el alto mando de las FAR y la más alta dirección del país, se decide después de estudiar detalladamente dicha operación, no tomar parte de la misma y aconsejar no realizarla en la forma en que estaba concebida.

Cuba consideraba que los especialistas soviéticos que asesoraban el Estado Mayor de las FAPLA una vez más repetían el error de haber planificado una ofensiva a gran escala, del tipo de las que había desarrollado el Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, a partir de rígidas concepciones académicas, sin tomar en cuenta la realidad objetiva del tipo de conflicto que tenía lugar en Angola, las características topográficas del país y lo difícil que resultaba garantizar un aseguramiento logístico permanente para las grandes masas de combatientes en movimiento que se verían involucrados en la ofensiva.

La opinión de las autoridades cubanas era que como estaba planteada no tendría éxito y sin embargo podía comprometer considerables recursos humanos y materiales. Se valoraba que tal como había ocurrido en otras ocasiones, las tropas de la UNITA se retirarían hacia zonas remotas al interior del país sin asumir combates directos, que desarrollarían a toda escala una guerra de tipo irregular con vistas a hostigar y desgastar las tropas de las FAPLA y que en el caso que la UNITA se viese en una situación muy desfavorable las tropas sudafricanas acudirían en su auxilio. No era la primera vez que se planeaba este tipo de operación, en las anteriores ocasiones la opinión de Cuba había sido escuchada.

Tal como lo había previsto Cuba se sucedieron los hechos. En los momentos iniciales, las FAPLA asestaron duros golpes a las bandas de la UNITA, ocasionándoles numerosas bajas y ocupando varias de sus bases y zonas históricas de operaciones. A partir de ese momento las tropas de la UNITA comienzan a efectuar un repliegue táctico evitando todo combate directo y aumentando el hostigamiento, la realización de emboscadas, voladura de puentes, minado de carreteras, ataques a la población civil, sabotajes etc., todo lo cual hace más difícil el avance de las fuerzas angolanas.

Cuando a finales de 1987, las tropas angolanas se hallaban a cientos de kilómetros en profundidad, desgastadas y con los aseguramientos logísticos básicos escasos y cortados por las acciones de la UNITA, las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica, inician la “Operación Hooper”, por medio de la cual desarrollaron una poderosa ofensiva desde el norte de Namibia, con el empleo de la aviación y de importantes fuerzas de infantería, artillería y blindados ante lo cual las tropas angolanas se ven precisadas a retroceder, para evitar ser aniquiladas.

Desde Cuba, el alto mando de las FAR y muy especialmente Fidel, comprendían la difícil situación que se le había creado al gobierno angolano, que comprometía la supervivencia de importantes unidades de las FAPLA, e incluso la integridad territorial del país. Con el cambio en la correlación de fuerzas a favor del enemigo, podían irse al traste largos años, de lucha, esfuerzo y sacrificio.

El 15 de noviembre de 1987, el compañero Fidel se reúne de forma urgente con los miembros el Buró Político del Comité Central del PCC, el alto mando de las FAR, dirigentes del gobierno y oficiales del Ministerio del Interior, comunicándoles que había recibido una carta personal del presidente angolano José Eduardo Dos Santos, donde este la informaba la dramática situación creada en el sur del país y le solicitaba ayuda inmediata al gobierno cubano. Es este día y en esa reunión que se toma la decisión político-militar de acudir una vez más en socorro del pueblo angolano y tratar de revertir la tan compleja situación creada. Como primera medida saldrían inmediatamente para ese país, experimentados jefes militares cubanos.

Desde entonces en una casa de protocolo del antiguo barrio aristocrático de El Laguito, en el municipio de Playa, existe una placa en su fachada que recuerda que en ese lugar se produjo la trascendental reunión donde se adoptó la decisión de enfrentar la ofensiva conjunta de tropas sudafricanas y de la UNITA.

Las principales unidades cubanas en Angola, ocupaban desde hacía años una línea estratégica defensiva que se extendía por más de 700 kilómetros, desde la ciudad portuaria de Namibe hasta la ciudad de Menongue; pero su capacidad combativa no era suficiente para frenar el avance de los racistas sudafricanos.

Por lo que de forma urgente comienzan a ser enviadas desde el norte hacia el sur de Angola, poderosas columnas de tropas cubanas, al mismo tiempo que desde Cuba se ponía en marcha la maniobra “XXXI Aniversario de las FAR”, que permitiría el traslado de importantes unidades regulares, es decir: decenas de miles de hombres, cientos de tanques, piezas de artillería, grupos antiaéreos y escuadrones de aviación de combate. Para que se tenga una idea de la celeridad con que se actuó, ya entre los días 10 y 24 de diciembre de 1987 habían arribado a puertos angolanos los primeros nueve barcos con armamento y técnica de combate, mientras del aeropuerto internacional “José Martí”, eran despedidos veinte vuelos con combatientes.

La extraordinaria magnitud de esta operación en cifras fue la siguiente: en 252 días se operaron 29 buques, que transportaron un volumen total de 57,253 toneladas de materiales y técnica de combate y en 140 vuelos de avión se trasladaron 18,000 combatientes. Al decir del propio Fidel la ejecución de la maniobra “XXXI Aniversario de las FAR”, debía ser para los sudafricanos tan demoledora como “el puñetazo de Stevenson”. 

Cuba estaba dispuesta a aceptar el reto planteado por las tropas racistas sudafricanas, en un terreno escogido por estas, estando a favor del enemigo la iniciativa y en medio de una compleja situación internacional. Incluso Cuba se negó a aceptar la proposición soviética de presentar a la opinión pública el refuerzo de tropas cubanas, como “un relevo de personal” con vistas a no enrarecer las rondas de negociaciones que sostenían sobre control de armamentos el dirigente soviético Mijaíl Gorbachov y el presidente norteamericano Ronald Reagan.

Estratégicamente el plan de Cuba era cambiar la correlación de fuerzas, y propinarle en el terreno militar un golpe tan contundente al régimen de Sudáfrica que no se repusiese jamás, obligándolo a sentarse en la mesa de negociaciones; si no lo hacía, existía la disposición de llegar con las tropas hasta la frontera entre Namibia y Sudáfrica.

Ya para entonces el alto mando cubano había determinado que los sudafricanos pretendían dar el golpe principal en la dirección Cuito Cuanavale, a la par de desarrollar acciones militares en otras regiones del sur de Angola a las que necesariamente también había que reforzar. Años más tarde el propio Fidel, describió su estrategia al líder del Partido Comunista Sudafricano Joe Slovo: Cuba pararía la embestida sudafricana y luego atacaría en otra dirección, “como el boxeador que con la mano izquierda lo mantiene y con la derecha lo golpea”.

Se hacía entonces imprescindible garantizar la defensa de Cuito Cuanavale, detener allí la ofensiva sudafricana, lo que permitiría contar con el tiempo necesario para acumular las fuerzas necesarias, que en un terreno no escogido por el enemigo y en otra dirección pasarían a la contraofensiva.

Ya para esta fecha de finales del año 1987 y principios de 1988, 2 brigadas de infantería (21 y 25 BI) y una brigada de infantería motorizada (59 BIM) junto a otras pequeñas unidades de las FAPLA, con el apoyo de algunas decenas de asesores cubanos y al costo de elevadas pérdidas humanas y materiales, habían logrado establecer una relativamente sólida línea de defensa en las márgenes del río Cuito. Las tropas sudafricanas habían penetrado cientos de kilómetros en el interior de Angola y se aprestaban a seguir su avance.

A partir de este momento comienzan a llegar los refuerzos cubanos desde el norte y centro de Angola, y desde Cuba. De los provenientes del norte formaba parte el 32 Grupo Táctico del cual formaba parte mi padre como Jefe de su Sección Política, que tenía como misión defender la región de Caiundo, en las márgenes del río Cubango. Al llegar a Caiundo mi padre es inmediatamente trasladado a Cuito Cuanavale, a la Sección Política que allí se había creado.

Estos refuerzos permitieron consolidar la defensa, derrotar una tras otras las ofensivas lanzadas por las tropas sudafricanas, desgastándolas en los constantes combates y ocasionándoles cuantiosas bajas. Fueron estas acciones las que obligaron al régimen de Sudáfrica y sus aliados a sentarse en la mesa de negociaciones.

En los más de cinco meses de encarnizados combates en Cuito Cuanavale las tropas cubano-angolanas se enfrentaron a fuerzas élites de las Fuerzas de Defensa de Sudáfrica (SADF) como el 101 Batallón Mecanizado, el 66 Grupo Táctico, el 32 Batallón Especial “Búfalo” y comandos especiales Recces, así como unidades de las entonces llamadas Fuerzas Territoriales de Namibia, a todas las cuales se les ocasionaron numerosas bajas. Se terminaba definitivamente el mito de la invencibilidad del soldado blanco racista sudafricano.

Mi viejo siempre recuerda con infinita admiración el relevante papel jugado por todas las fuerzas que defendieron Cuito Cuanavale, la juventud predominante en la mayoría de los combatientes, su elevada moral de combate, optimismo en la victoria, abnegación, voluntad de vencer, espíritu de sacrificio y cotidiano heroísmo. Muchos de ellos se harían acreedores de la condición de militantes de la UJC o del PCC. Muy especialmente viene a su memoria el papel jugado por los ingenieros zapadores cubanos en dos frentes:

El primero, construyendo y reconstruyendo a veces en una sola noche el maltrecho y castigado puente de tablones de madera sobre el río Cuito, cuya anchura era aproximadamente de noventa metros, y constituía un objetivo priorizado de los ataques de la artillería y la aviación sudafricana, incluso con aviones no tripulados.

Esta era la única vía de acceso para las tropas cubano-angolanas y garantizaba el suministro de hombres, técnica de combate, municiones y alimentos, así como la evacuación de los heridos. Cuando el puente quedó totalmente inutilizado por el fuego de la artillería enemiga, mediante el uso de medios anfibios y balsas, se siguió garantizando el cruce del natural obstáculo.

El segundo, sembrando en el borde delantero impenetrables campos de minas, que incluían trampas explosivas y obstáculos, que pararon en seco las unidades blindadas y de infantería sudafricanas, al costo de considerables pérdidas, permitiendo incluso la captura de algunos medios técnicos de combate.

Otros recuerdos están asociados al papel de las pequeñas unidades mixtas de exploración conformadas por cubanos, angolanos y namibios, que constantemente penetraban en las profundidades de la retaguardia del enemigo, acopiando vital información sobre sus fuerzas y medios, o realizando aniquiladoras emboscadas a los desplazamientos de las tropas sudafricanas.

El rol de los artilleros que con astucia y pleno dominio de la técnica de combate, principalmente de las baterías de lanzacohetes BM-21, enfrentaron el reto de la artillería sudafricana de largo alcance (obuses G-5 y G-6 de 155 mm, con más de 40 Km de alcance efectivo y lanzacohetes múltiples Walkiria) y fueron capaces de vencerla.

Su admiración por, el entonces Coronel y jefe de operaciones de la MMCA, Álvaro López Miera, hoy General de Cuerpo de Ejército y Héroe de la República de Cuba, primer alto oficial que llegó a Cuito Cuanavale el 5 de diciembre de 1987, a la cabeza de un grupo de asesores cubanos con la misión de evaluar in situ la situación existente y las posibilidades reales de estructurar la defensa.

Y por el hoy General de División Ernio Hernández Rodríguez y por el General de Brigada Miguel A. Lorente León, jefes en diferentes etapas de la agrupación de tropas que defendieron Cuito Cuanavale, quienes de forma audaz y creativa supieron conducir las acciones principales que se libraron en ese escenario de combate.

De igual manera mi padre siempre me argumenta, que ninguna historia que se escriba sobre Cuito Cuanavale estará completa, si carece de un capítulo dedicado a las cuatro mujeres cubanas que permanecieron todo el tiempo al lado de los combatientes, desafiando todo tipo de peligros e incomodidades de la vida en campaña, y que se convirtieron en fuente de inspiración y ejemplo para los miles de hombres allí concentrados. Ellas contribuyeron con su labor a salvar inestimables vidas, estas cuatro herederas de la estirpe de Mariana Grajales fueron: Adelaida Fleites Pérez, médico; Odalys Chalas Ortiz, médico; María Guerra Cabrera, técnica en farmacia y Celia Duane Lambet asistente dental y sanitaria.

Y por último al papel de nuestros pilotos de combate que en poco tiempo  lograron la supremacía en el aire, demostrando maestría y temeridad frente a experimentados adversarios dotados de modernos medios y propinándoles demoledores golpes.

Fue tan aplastante el dominio y superioridad de la aviación de combate cubana, que ya para el mes de marzo de 1987, la fuerza aérea sudafricana había prácticamente cesado sus operaciones, dejando desprotegida sus tropas terrestres, las cuales eran constantemente reconocidas, ubicadas y aniquiladas por nuestra fuerza aérea. Para tener una noción de la envergadura del papel jugado por la aviación, baste mencionar que entre enero y marzo de 1988 se realizaron 1,283 misiones sobre Cuito Cuanavale, de ellas 722 de bombardeo y 561 de cobertura, arrojándose un total de 358 toneladas de bombas y unos 4,000 cohetes.

Entonces no es de extrañar, la ya histórica frase en lengua afrikánder plasmada por un soldado sudafricano en los restos de una pared del complejo hidroeléctrico de Calueque, en las riberas del río Cunene, el 27 de junio de 1988; cuando tras un ataque sorpresivo de doce aparatos de nuestra fuerza aérea, a las tropas racistas allí acantonadas escribió “… MIK23 sak van die kart…”(… los MIG-23 nos partieron el corazón…).

Este golpe aéreo, ejecutado a solo 11 kilómetros de la frontera con Namibia,  fue el puntillazo final a la prepotencia racista y convenció a los dirigentes sudafricanos y a sus aliados, de que para evitar un descalabro mayor, lo correcto era asumir con seriedad las negociaciones en marcha.

El raid, fue la respuesta cubana, a un acto provocador realizado el día anterior en la zona de Tchipa, cuando la artillería sudafricana lanzó más de doscientos proyectiles contra las posiciones cubanas, en los momentos en que las delegaciones de ambos países, junto a la parte angolana, mantenían en El Cairo, Egipto conversaciones para buscarle una solución al conflicto.

Fue tan demoledor el golpe dado por la aviación en Calueque, que según testimonios de los combatientes cubanos que arribaron a aquel lugar una semana después, aún las paredes y el techo de parte de las instalaciones totalmente destruidas, tenían incrustados restos de piel y carne de soldados sudafricanos. Por doquier se observaban manchas de sangre y fragmentos de uniformes. En los alrededores se amontonaba todo un cementerio de vehículos blindados. Las bajas ocasionadas se calcularon conservadoramente en más de cien entre muertos y heridos.

En Cuito Cuanavale como reconoció en varias ocasiones el Comandante en Jefe, la Revolución Cubana se jugó hasta su propia existencia, y una vez más salió victoriosa. A partir de entonces la historia reciente de África está marcada por un antes y un después, y esa línea la marca la victoria cubano-angolana en la batalla de Cuito Cuanavale y la indetenible ofensiva hacia la frontera con Namibia.

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