Rosa Miriam Elizalde 17/07/26
En septiembre de 1960, mientras Fidel Castro caminaba impaciente por una habitación del Hotel Shelburne de Nueva York, un joven diplomático cubano recordó una propuesta que podía cambiar aquella visita. El hotel acababa de exigir a la delegación un depósito de 20,000 dólares. Fidel decidió marcharse. Si era necesario, dormirían en tiendas de campaña en los jardines de las Naciones Unidas.
Entonces, Raúl Roa Kourí habló con su padre. Días antes, Bob Taber, el periodista que había entrevistado a Fidel en la Sierra Maestra en plena insurrección, le había transmitido una propuesta de Malcolm X: alojar a la delegación de la isla en el Hotel Theresa, en Harlem.
–Díselo a Fidel –le aconsejó el canciller.
–¿En el Harlem negro? –preguntó, encantado, el líder cubano.
Roa Kourí buscó a Malcolm X y telefoneó a su padre:
–Tenemos dos pisos. Pueden venir.
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