Petro alaba el capitalismo, los militares y la derecha en su toma de posesión

Fuente: https://www.wsws.org/es/articles/2022/08/15/colo-a15.html?pk_campaign=newsletter&pk_kwd=wsws                Tomas Castanheira                                                                          16.08.22

Gustavo Petro alaba el capitalismo, los militares y la derecha en su toma de posesión en Colombia

El domingo pasado, Gustavo Petro, elegido por la coalición de pseudoizquierda Pacto Histórico, juró como presidente de Colombia. A diferencia de años anteriores, la ceremonia de inauguración atrajo multitudes al centro de Bogotá en una celebración del primer “presidente de izquierda” de Colombia.

El presidente del Congreso, Roy Barreras, coloca la banda presidencial a Gustavo Petro, 7 de agosto de 2022. Bogotá, Colombia (Crédito: Nelson Cárdenas – Presidencia de Colombia)

También asistieron, como invitados de honor, políticos de la derecha colombiana, importantes empresarios y líderes políticos de la burguesía internacional. Entre ellos estaban Rodolfo Hernández, el candidato fascista derrotado por Petro, el rey Felipe VI de España, y los presidentes latinoamericanos “izquierdistas” Gabriel Boric de Chile, Luis Arce de Bolivia y Alberto Fernández de Argentina.

Petro asume la presidencia de Colombia en medio de un empeoramiento de la crisis política, social y económica. Tomará el timón de uno de los países socialmente más desiguales del mundo, marcado por décadas de sangrienta violencia estatal, donde las relaciones de clase han llegado a un estado de tensión que amenaza la continuidad del dominio burgués.

Como candidato, Petro buscó responder al rechazo masivo al sistema político corrupto de Colombia, que condujo a una ola de manifestaciones y huelgas nacionales durante los mandatos del presidente derechista Iván Duque.

Cuando Pacto Histórico acuñó el lema “política del amor”, sus votantes lo entendieron como una promesa de acabar con la intolerable violencia y las políticas de austeridad. Seguramente, recordaron los “falsos positivos”, los más de 6.000 ciudadanos asesinados por el Estado durante el sexenio de Álvaro Uribe (2002-2010) y presentados falsamente como “guerrilleros” muertos en combate, así como los cientos de manifestantes asesinados por militares mientras participaban en manifestaciones contra el gobierno de Duque.

Pero difícilmente pensaron que el “amor” de Petro estaría de hecho dirigido sustancialmente a los viejos políticos y militares de derecha, los odiados enemigos de la clase obrera. Su discurso de toma de posesión el domingo, así como sus preparativos para iniciar su gobierno, dejan claro el contenido fundamentalmente reaccionario del “Gran Acuerdo Nacional” que persigue.

En las semanas posteriores a su victoria el 19 de junio, Petro ha dado una señal importante a la élite gobernante colombiana al reunirse con Rodolfo Hernández y Uribe. Sobre el encuentro con Uribe, el presidente de pseudoizquierda declaró en Twitter que “encontramos las diferencias y los puntos comunes”. Y mientras publicaba una foto estrechando la mano de Hernández, anunció: “Vamos con seguridad a un acuerdo nacional”.

El nuevo gabinete fue elegido bajo el mismo principio de que los partidos y políticos de derecha masivamente rechazados por el pueblo colombiano tienen el derecho incuestionable de participar en las decisiones del gobierno electo. Los cargos clave, comenzando por el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, fueron designados porque son los candidatos de consenso dentro de la burguesía colombiana.

En su discurso de toma de posesión de Petro se vio obligado a abordar problemas centrales de las masas colombianas, como la desigualdad social, la violencia estatal, la crisis ambiental y la corrupción del sistema político, pero el mandatario se aseguró de aclarar que las soluciones no deben implicar ningún desafío. al sistema capitalista y su estado.

Denunciando como “un despropósito y una amoralidad” que “el 10 por ciento de la población colombiana tiene el 70 por ciento de la riqueza”, Petro insistió en que “la igualdad es posible si somos capaces de crear riqueza para todos y todas”. En su ficción capitalista, la “distribución de la riqueza” significa “simplemente el pago solidario que alguien afortunado hace a una sociedad que le permite y le garantiza la fortuna”.

Petro, quien se ha propuesto la tarea de “desarrollar el capitalismo en Colombia”, funda su retórica “progresista” en un mito desmentido una y otra vez por la historia: que la acumulación de riqueza por parte de la clase capitalista conduce a la elevación de los niveles económicos de toda la sociedad.

Karl Marx concluyó hace 150 años: “La acumulación de riqueza en un polo es, por lo tanto, al mismo tiempo acumulación de miseria, agonía del trabajo, esclavitud, ignorancia, brutalidad, degradación mental, en el polo opuesto, es decir, del lado de la clase que produce su producto en forma de capital”.

Esta verdad por excelencia sobre el modo de producción capitalista es más visible hoy que en cualquier otro momento de la historia. La brutal desigualdad social no es una “aberración” colombiana, como la caracteriza Petro. En un mundo donde los 10 individuos más ricos duplicaron sus ingresos en medio de una pandemia mortal, mientras 160 millones fueron arrojados a la pobreza, la realidad colombiana es cada vez más la regla general.

El discurso de Petro fue identificado inequívocamente por los medios corporativos como una señal para las grandes empresas. En un editorial dominical, El Tiempo destacó como clave “la promesa de que no habrá impuestos confiscatorios y su insistencia en la importancia de que la sociedad genere riqueza ‘trabajando y produciendo’”.

Además, la “reforma fiscal” redactada por Ocampo y presentada por Petro a principios de esta semana da fe de que su promesa de campaña, que su reforma afectaría solo a los 4.000 colombianos más ricos, es totalmente falsa. El aumento de impuestos golpeará a quienes ganan a partir de 10 millones de pesos mensuales (poco más de U$2.000), es decir, sectores de la clase trabajadora y clase media baja, y bienes de consumo como alimentos y combustibles.

La bancarrota del programa procapitalista de Petro, restringido a los límites del estado nacional burgués, se revela contundentemente en su enfoque de la política internacional.

Afirmando que el cambio climático es una “realidad urgente” que exige al mundo “encontrar un modelo que sea sostenible económica, social y ambientalmente”, Petro señala al capital financiero internacional como el agente de esta transformación. “Si el FMI ayuda a cambiar deuda por acción concreta contra la crisis climática, tendremos una nueva economía próspera y una nueva vida para la humanidad”, afirmó.

Además de sus amigos en el FMI, Petro pidió a los líderes latinoamericanos, incluidos políticos fascistas como el brasileño Jair Bolsonaro, que “dejen atrás bloques, grupos y diferencias ideológicas para trabajar juntos”.

El proyecto de Petro para mantener las bases de la explotación capitalista en Colombia exige el desarme completo de la clase trabajadora frente a los inmensos peligros que representan sus enemigos de clase. Entre los pasajes más nefastos de su discurso de toma de posesión está aquel en el que se dirigió a las fuerzas armadas.

Declaró: “Ejército, sociedad y producción pueden unirse en una nueva ética social indestructible. Los helicópteros y los aviones, las fragatas, no solo sirven para bombardear o disparar, también sirven para crear la primera infraestructura de la salud preventiva del pueblo colombiano”.

Esta complacencia criminal tiene el papel inequívoco de abrir el camino a la ofensiva de la clase dominante contra la clase trabajadora. Como atestiguan numerosos ejemplos de la historia latinoamericana —en primer lugar, el golpe de estado en Chile en 1973— mientras Petro se inclina cada vez más hacia los militares, los generales esperan el mejor momento para imponer una dictadura despiadada y desatar una ola de violencia contra la clase obrera.

Los primeros días de Petro en la presidencia colombiana ya confirman el carácter esencialmente reaccionario de los gobiernos de la llamada Marea Rosa “de izquierda”. Si bien sus promesas de representar un “nuevo camino hacia el socialismo” se marchitaron rápidamente ante la crisis de los precios de las materias primas, en su forma renovada estos gobiernos han perdido hasta el más mínimo matiz de “rosa”. Desde Boric en Chile hasta Pedro Castillo en Perú, se han dado a la tarea de implementar ataques capitalistas y escalar la represión contra la clase trabajadora, fortaleciendo las fuerzas fascistas que se preparan para tomar el poder.

El compromiso con estos gobiernos por parte de organizaciones de pseudoizquierda —como Jacobin, alineada con los Socialistas Democráticos de América, que afirmaba que con Petro “Colombia será más justa y más pacífica”— subraya la necesidad de establecer la independencia política de los trabajadores. clase y construyendo su dirección revolucionaria en América Latina, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI).

(Publicado originalmente en inglés el 13 de agosto de 2022)

 

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