
Trump negocia con Cuba bajo presión militar y económica, mientras el embargo persiste y la Isla enfrenta una crisis. ¿Busca un cambio de régimen o una sumisión encubierta? Expertos advierten que la historia de intervenciones de EEUU nunca ha traído democracia ni justicia social a ningún país.
¿Otra Venezuela?
Las negociaciones entre Estados Unidos y Cuba continúan mientras la Administración Trump decide si aplica o no el modelo venezolano a Cuba. El embargo estadounidense sigue vigente, y solo se permite el paso de un petrolero: un buque ruso cargado con 730 mil barriles de petróleo. La economía cubana, y especialmente su sistema de salud, se encuentra en una situación crítica.
Persisten las dudas sobre los objetivos de Estados Unidos: ¿Busca un cambio de régimen o una transformación económica? Un cambio de régimen requeriría otra presión militar, que Trump probablemente quiera evitar mientras la guerra con Irán continúa.
Trump también debe considerar la advertencia de Cuba sobre su resistencia a una intervención militar. Una apertura económica por parte de Cuba sería presumiblemente atractiva para los inversionistas estadounidenses y de otros países, como lo fue antes de la revolución.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, no es Delcy Rodríguez en Venezuela, quien ha abierto el país a los intereses extranjeros en la industria petrolera y minera. Según Axios, Estados Unidos podría estar respaldando a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro, quien sigue siendo la figura política más poderosa de Cuba.
Esta práctica de seleccionar a dedo a líderes dóciles en países que Estados Unidos busca dominar tiene un historial: por ejemplo, Ngo Dinh Diem en Vietnam, el shah Reza Pahlevi en Irán, el general Augusto Pinochet en Chile y ahora (nuevamente en Irán) el hijo del shah.
Jamás este tipo de manipulación ha conducido a un cambio democrático ni a la justicia social. No hay razón para creer que la presión estadounidense en esta ocasión vaya a mejorar —o pretenda mejorar— la situación del pueblo cubano.
Estados Unidos puede considerar imposible un cambio económico sin un cambio de régimen. Pero evidentemente lo están intentando.
Según entrevistas con Axios, funcionarios estadounidenses, en conversaciones con funcionarios cubanos el 10 de abril, enfatizaron que “la economía cubana está en caída libre y que las élites gobernantes de la isla tienen una pequeña oportunidad para implementar reformas clave respaldadas por Estados Unidos antes de que la situación empeore irreversiblemente”.
Esto es lo que proponen los funcionarios estadounidenses, según Axios:
+ Indemnizar a los residentes y corporaciones estadounidenses cuyos bienes y propiedades fueron confiscados tras la Revolución de 1959.
+ Liberar a los presos políticos restantes. (Se han liberado aproximadamente dos mil presos).
+ Garantizar al pueblo cubano mayores libertades políticas, que eventualmente incluirían elecciones libres y justas.
+ Proporcionar acceso a Starlink para permitir la reanudación del servicio de internet. (Un servicio para Musk, propietario de Starlink).
Los funcionarios estadounidenses se basan en la orden ejecutiva de Trump del 29 de enero que, sin pruebas, acusó a Cuba de ser una «amenaza extraordinaria» para la seguridad nacional de Estados Unidos y, por lo tanto, una «emergencia nacional». Dicha orden pretende justificar el bloqueo de los envíos de petróleo a Cuba.
Los funcionarios estadounidenses expresaron «preocupación por los grupos de inteligencia, militares y terroristas extranjeros que operan con permiso del Gobierno cubano a menos de 160 kilómetros del territorio estadounidense». Todo esto es un subterfugio. Trump quiere abrir Cuba a la explotación con un Gobierno amigo en el poder. Solo si Cuba acepta las exigencias de Estados Unidos se levantará el embargo.
¿Podrá Cuba resistir las amenazas de Trump?
¿Y si no lo hacen? «El presidente Trump está comprometido a buscar una solución diplomática, si es posible, pero no permitirá que la Isla se convierta en una grave amenaza para la seguridad nacional si los líderes cubanos no están dispuestos o no pueden actuar», declaró un funcionario del Departamento de Estado. Esta amenaza es la continuación de varias que Trump ha hecho en los últimos meses:
+ El 11 de enero, afirmó que «No habrá más petróleo ni dinero para Cuba».
+ En febrero, declaró que era posible «una toma de control amistosa de Cuba». «Ya sea que la libere o la tome, creo que podría hacer lo que quisiera con ella».
+ El 6 de marzo, afirmó que «Cuba va a caer muy pronto… Tenemos mucho tiempo, pero Cuba está preparada…» “Llevo cincuenta años observándolo y me ha caído del cielo”.
+ El 17 y 18 de marzo, se anunció que Estados Unidos “tomaría Cuba de alguna forma” y que “pronto haríamos algo con Cuba”.
+ El 13 de abril, se indicó que Estados Unidos “podría hacer escala en Cuba” tras finalizar su intervención en Irán. “Cuba es una nación en decadencia” que ha sido “mal administrada durante muchos años”.
Lo que parece claro es que el régimen de Trump, sumido en un costoso e irresoluble desastre en Irán, desearía con todas sus fuerzas una “toma amistosa” de Cuba. Atrás quedaron los tiempos de Obama y Biden, cuando las negociaciones para normalizar las relaciones eran la norma.
Responsible Statecraft informa que los preparativos militares estadounidenses están en marcha, citando un informe de USA Today de la semana pasada que indicaba que “la Casa Blanca ordenó al Pentágono y a otras agencias acelerar los preparativos para una acción militar en la Isla. El jueves pasado, un dron de vigilancia de la Armada estadounidense realizó una inusual misión de reconocimiento alrededor de Cuba”.
Pero una invasión parece una posibilidad remota. El bloqueo, las amenazas intimidatorias y la presión económica que hace la vida insoportable para los cubanos parecen ser la estrategia de bajo costo de Trump para asegurar una Cuba sumisa.
Al igual que Venezuela, el Gobierno cubano tiene escaso poder de negociación. A diferencia de Irán, Cuba no controla ningún recurso valioso ni puede tomar represalias militares. Cuba puede rechazar algunas demandas estadounidenses e intentar satisfacer otras, como la liberación de los presos políticos que aún permanecen en prisión y el fomento de las inversiones cubanas en Miami.
Sin duda, Cuba necesita reformas económicas y políticas, pero estas solo pueden surgir desde dentro, no convirtiéndose en un protectorado estadounidense.
Traducción de Agencia Prensa Rural
con el auspicio y respaldo de
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