El complejo militar-académico alemán publica un manifiesto de guerra

Fuente: https://www.wsws.org/es/articles/2022/07/31/alem-j31.html?pk_campaign=newsletter&pk_kwd=wsws

El complejo militar-académico alemán publica un manifiesto de guerra                                                                                      Gregor Link                                                                                     01.08.22

El 20 de julio, el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) publicó un artículo de 22 académicos y soldados. La declaración sólo puede describirse como un manifiesto de guerra del complejo militar-académico alemán.

El canciller alemán Olaf Scholz, en el centro, llega para visitar al ‘Comando de Operaciones Conjuntas’ de las fuerzas armadas alemanas, la Bundeswehr, en Schwielowsee, cerca de Berlín, Alemania, el viernes 4 de marzo de 2022. (Foto AP/Michael Sohn)

El artículo aboga por la continuación de la asesina guerra por poderes en Ucrania, denuncia cualquier ‘deseo de un pronto cese del fuego y una solución política’ como ‘peligroso’, y pide que se aumente ‘el nivel y la cantidad de las entregas de armas occidentales’.

El llamamiento subraya la agresividad con la que el imperialismo alemán está apoyando la guerra por delegación de la OTAN en Ucrania. Los autores afirman explícitamente que ‘no hay margen de maniobra’ para un ‘alto el fuego’ o una ‘solución diplomática’ en Ucrania. Afirman que para evitar una ‘paz dictada’ por Rusia, es decir, para derrotar al ejército ruso en Ucrania, hay que reforzar ‘masivamente’ la potencia de fuego y la capacidad de contraataque del ejército ucraniano. El objetivo de la guerra debe ser ‘ganar tiempo para que las sanciones surtan efecto’, y así limitar el ‘poder militar’ de Rusia a largo plazo.

Para justificar este programa, el periódico recurre a la propaganda habitual de las potencias de la OTAN y da la vuelta a la realidad. El régimen del Kremlin ‘planificó y preparó sistemáticamente la guerra en Ucrania durante varios años’ y tenía como objetivo ‘destruir las sociedades occidentales, los sistemas políticos democráticos y las instituciones internacionales’, afirman los autores. Rusia, prosiguen, se esfuerza por llevar a cabo una ‘guerra de desgaste’ de varios años en Ucrania, y quiere desencadenar una recesión en Alemania ‘cortando el suministro de gas natural’.

Si se pone fin a la guerra mediante una ‘apresurada ‘solución diplomática», afirman los autores de forma verdaderamente orwelliana, ‘se amenazan nuevos y graves crímenes de guerra y destrucción en Ucrania’.

En realidad, son las potencias occidentales, incluida Alemania, las que están llevando a cabo una política imperialista destructiva de gran potencia con la guerra en Ucrania, habiendo ‘planificado y preparado sistemáticamente’ el conflicto. Las potencias de la OTAN cercaron a Rusia tras la disolución de la Unión Soviética y construyeron y modernizaron masivamente las fuerzas armadas de Ucrania tras el golpe de Estado prooccidental de 2014. Provocaron intencionadamente la invasión rusa. Ahora están utilizando la guerra para debilitar y, en última instancia, subyugar al país rico en recursos para que pueda ser explotado y controlado por las potencias imperialistas.

El ‘Manifiesto de los 22’ lo expresa inequívocamente. Según los autores, la guerra en Ucrania ‘representa el comienzo de una nueva era, cuyas consecuencias aún no son comprendidas por muchos’. Continúan: ‘El fracaso de las tropas rusas’ y ‘las enormes pérdidas infligidas al ejército profesional ruso’ proporcionan a Alemania y a sus aliados ‘oportunidades para influir en los acontecimientos posteriores que no deben desperdiciarse’.

La ofensiva bélica se dirige no sólo contra Rusia, sino también contra China. El artículo deplora la ‘apenas velada simpatía de China por la posición de Rusia’, lo que demuestra que ‘nos encontramos en un momento en el que los Estados democráticos se enfrentan a una alianza de poderosos regímenes autoritarios que pretenden eliminar el orden internacional liberal, basado en normas, que se apoya en la colaboración para la solución de los problemas mundiales’.

De hecho, bajo la apariencia de ‘libertad’ y ‘democracia’, las potencias imperialistas se están preparando para una tercera guerra mundial contra las potencias con armas nucleares Rusia y China. El nuevo Concepto Estratégico de la OTAN afirma, entre otras cosas, que ‘suministrará individual y colectivamente todo el espectro de fuerzas armadas necesarias para la disuasión y la defensa, incluso para la guerra de alta intensidad de dimensiones cruzadas contra competidores pares que posean armas nucleares’.

El peligro de una tercera guerra mundial librada con armas nucleares no impide a los firmantes del manifiesto de guerra en la FAZ exigir que las decisiones de la cumbre de la OTAN en Madrid sean ‘rápidamente aplicadas’. Detrás de la locura hay objetivos imperialistas definidos. Sobre todo, la clase dominante en Alemania ve la guerra como una oportunidad para poner en marcha sus planes de guerra y de gran potencia, desarrollados desde hace tiempo.

En concreto, el documento exige que las Fuerzas Armadas alemanas ‘desempeñen un papel de liderazgo’ en el marco de la alianza de la OTAN, y que implementen ‘rápidamente’ una estrategia militar ‘para Polonia y los Estados Bálticos’, así como para toda la ‘región del Mar Báltico’. Además, hay que desarrollar una estrategia que ‘apunte más allá de la guerra inmediata’. Dados los ‘errores masivos’ y las ‘pérdidas humillantes’ del lado ruso, sería ‘negligente’ no utilizar las ‘opciones’ que presenta la ‘actual debilidad rusa’, argumentan los autores.

Las implicaciones históricas de este programa son tan claras como trascendentales. Al marchar de nuevo hacia Europa del Este y hacer la guerra en Ucrania para derrotar a Rusia, el ejército alemán está reviviendo sus objetivos bélicos de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Apoya y arma a los herederos políticos de aquellas fuerzas que cooperaron con la Wehrmacht y las SS en la guerra de aniquilación contra la Unión Soviética.

Entonces, como ahora, una clase de académicos desempeña un papel central y repulsivo en el avance y la mascarilla ideológica de la política de guerra de la clase dominante. Entre los firmantes del llamamiento de guerra se encuentran profesores y catedráticos alemanes de las universidades de Kiel, Bradford, Bonn y Potsdam, así como oficiales de alto rango y profesores de las universidades militares de Hamburgo y Munich. Además, hay miembros de varios think tanks geopolíticos y academias de formación militarista. Sólo seis firmantes están asociados al Instituto de Política de Seguridad de la Universidad de Kiel (ISPK), cercano a la Marina alemana.

Muchos de los autores han estado siempre presentes en los medios de comunicación desde el comienzo de la guerra, puestos a difundir el veneno del militarismo. Entre los más destacados se encuentran Carlo Masala (Universidad de Munich) y Sönke Neitzel (Universidad de Potsdam), así como el planificador militar de la OTAN y miembro de la DGAP Heinrich Brauß, el analista austriaco Gustav Gressel (Consejo Europeo de Relaciones Exteriores) y el propagandista de las armas nucleares alemanas Maximilian Terhalle (London School of Economics).

El exgeneral Klaus Wittmann, uno de los autores, exigió recientemente en la prensa derechista de Springer una ‘contraofensiva ucraniana’ con tanques alemanes en el sureste del país.

Desde 2013, el Partido Socialista por la Igualdad (SGP) y su organización juvenil, Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (IYSSE), han advertido sobre la transformación de las universidades en centros de militarismo y propaganda bélica, como ocurrió antes de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. En aquel momento, el SGP y la IYSSE fueron las únicas organizaciones políticas que se opusieron a la conspiración militarista en el aparato estatal y mostraron cómo el fin de la ‘moderación militar’ de Alemania fue preparado sistemáticamente por los principales círculos políticos, militares, mediáticos y académicos.

Desde la publicación del documento programático ‘Nuevo poder, nueva responsabilidad’, hasta la publicación de un nuevo libro blanco de las Fuerzas Armadas alemanas y la relativización de los crímenes de los nazis por parte del profesor de la Universidad Humboldt Jörg Baberowski (‘Hitler no era un vicioso’), demostramos el papel de los profesores y académicos en el retorno del militarismo alemán. Christoph Vandreier, antiguo portavoz del IYSSE en Alemania y actual presidente del SGP, explicó en su libro ¿Por qué han vuelto? que ‘la élite gobernante en Alemania debe relativizar y trivializar los mayores crímenes de la historia de la humanidad para revivir los objetivos de dos guerras mundiales’.

En la Universidad Humboldt de Berlín, que desempeña un papel central en este sentido, la IYSSE está al frente de la lucha contra los intentos de la administración universitaria de suprimir las críticas a las posiciones de extrema derecha y militaristas. Las posiciones de Baberowski y Herfried Münkler —según las cuales Alemania debe convertirse en la ‘disciplinadora de Europa’, y la guerra de exterminio nazi debe verse como una reacción comprensible a la violencia de los bolcheviques— corresponden a la política de la clase dominante.

En condiciones de peligro concreto de guerra nuclear y del mayor programa de rearme alemán desde la caída del régimen nazi, los principales políticos del gobierno rinden homenaje a un embajador ucraniano que niega aspectos críticos del Holocausto ante una audiencia mundial. El objetivo declarado del gobierno alemán es dominar Europa militarmente y convertir a la UE en ‘un actor geopolítico’ bajo el liderazgo de Berlín.

Sólo un poderoso movimiento internacional antibélico de la clase obrera puede detener el camino hacia la Tercera Guerra Mundial y evitar que los crímenes históricos del imperialismo alemán sean eclipsados por otros nuevos. Las huelgas, las protestas masivas y el descontento social que se han desarrollado en todo el mundo desde el comienzo de la guerra en Ucrania demuestran que la base de tal movimiento ya está en marcha.

Los profesores y generales belicistas también son conscientes de ello. ‘Los próximos dos años serán muy difíciles’, concluyen en su manifiesto. ‘Es con gran preocupación’ que hay que afirmar que ‘hay repetidos llamamientos a una solución política o a un alto el fuego’. Para contrarrestar el previsible estallido social y político, es necesaria ‘una acción concertada de todas las fuerzas sociales y políticas relevantes’.

La clase obrera debe oponerse a la conspiración de la guerra y a la ‘acción concertada’ de la clase dominante con su propio programa. El SGP y sus partidos hermanos en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CITI) harán todo lo posible para armar la lucha contra la guerra, el militarismo y la miseria social con una perspectiva socialista e internacionalista. La tarea de construir estas organizaciones asume ahora la máxima urgencia.

(Publicado originalmente en inglés el 29 de julio de 2022)

El llamamiento subraya la agresividad con la que el imperialismo alemán está apoyando la guerra por delegación de la OTAN en Ucrania. Los autores afirman explícitamente que ‘no hay margen de maniobra’ para un ‘alto el fuego’ o una ‘solución diplomática’ en Ucrania. Afirman que para evitar una ‘paz dictada’ por Rusia, es decir, para derrotar al ejército ruso en Ucrania, hay que reforzar ‘masivamente’ la potencia de fuego y la capacidad de contraataque del ejército ucraniano. El objetivo de la guerra debe ser ‘ganar tiempo para que las sanciones surtan efecto’, y así limitar el ‘poder militar’ de Rusia a largo plazo.

Para justificar este programa, el periódico recurre a la propaganda habitual de las potencias de la OTAN y da la vuelta a la realidad. El régimen del Kremlin ‘planificó y preparó sistemáticamente la guerra en Ucrania durante varios años’ y tenía como objetivo ‘destruir las sociedades occidentales, los sistemas políticos democráticos y las instituciones internacionales’, afirman los autores. Rusia, prosiguen, se esfuerza por llevar a cabo una ‘guerra de desgaste’ de varios años en Ucrania, y quiere desencadenar una recesión en Alemania ‘cortando el suministro de gas natural’.

Si se pone fin a la guerra mediante una ‘apresurada ‘solución diplomática», afirman los autores de forma verdaderamente orwelliana, ‘se amenazan nuevos y graves crímenes de guerra y destrucción en Ucrania’.

En realidad, son las potencias occidentales, incluida Alemania, las que están llevando a cabo una política imperialista destructiva de gran potencia con la guerra en Ucrania, habiendo ‘planificado y preparado sistemáticamente’ el conflicto. Las potencias de la OTAN cercaron a Rusia tras la disolución de la Unión Soviética y construyeron y modernizaron masivamente las fuerzas armadas de Ucrania tras el golpe de Estado prooccidental de 2014. Provocaron intencionadamente la invasión rusa. Ahora están utilizando la guerra para debilitar y, en última instancia, subyugar al país rico en recursos para que pueda ser explotado y controlado por las potencias imperialistas.

El ‘Manifiesto de los 22’ lo expresa inequívocamente. Según los autores, la guerra en Ucrania ‘representa el comienzo de una nueva era, cuyas consecuencias aún no son comprendidas por muchos’. Continúan: ‘El fracaso de las tropas rusas’ y ‘las enormes pérdidas infligidas al ejército profesional ruso’ proporcionan a Alemania y a sus aliados ‘oportunidades para influir en los acontecimientos posteriores que no deben desperdiciarse’.

La ofensiva bélica se dirige no sólo contra Rusia, sino también contra China. El artículo deplora la ‘apenas velada simpatía de China por la posición de Rusia’, lo que demuestra que ‘nos encontramos en un momento en el que los Estados democráticos se enfrentan a una alianza de poderosos regímenes autoritarios que pretenden eliminar el orden internacional liberal, basado en normas, que se apoya en la colaboración para la solución de los problemas mundiales’.

De hecho, bajo la apariencia de ‘libertad’ y ‘democracia’, las potencias imperialistas se están preparando para una tercera guerra mundial contra las potencias con armas nucleares Rusia y China. El nuevo Concepto Estratégico de la OTAN afirma, entre otras cosas, que ‘suministrará individual y colectivamente todo el espectro de fuerzas armadas necesarias para la disuasión y la defensa, incluso para la guerra de alta intensidad de dimensiones cruzadas contra competidores pares que posean armas nucleares’.

El peligro de una tercera guerra mundial librada con armas nucleares no impide a los firmantes del manifiesto de guerra en la FAZ exigir que las decisiones de la cumbre de la OTAN en Madrid sean ‘rápidamente aplicadas’. Detrás de la locura hay objetivos imperialistas definidos. Sobre todo, la clase dominante en Alemania ve la guerra como una oportunidad para poner en marcha sus planes de guerra y de gran potencia, desarrollados desde hace tiempo.

En concreto, el documento exige que las Fuerzas Armadas alemanas ‘desempeñen un papel de liderazgo’ en el marco de la alianza de la OTAN, y que implementen ‘rápidamente’ una estrategia militar ‘para Polonia y los Estados Bálticos’, así como para toda la ‘región del Mar Báltico’. Además, hay que desarrollar una estrategia que ‘apunte más allá de la guerra inmediata’. Dados los ‘errores masivos’ y las ‘pérdidas humillantes’ del lado ruso, sería ‘negligente’ no utilizar las ‘opciones’ que presenta la ‘actual debilidad rusa’, argumentan los autores.

Las implicaciones históricas de este programa son tan claras como trascendentales. Al marchar de nuevo hacia Europa del Este y hacer la guerra en Ucrania para derrotar a Rusia, el ejército alemán está reviviendo sus objetivos bélicos de la Primera y Segunda Guerra Mundial. Apoya y arma a los herederos políticos de aquellas fuerzas que cooperaron con la Wehrmacht y las SS en la guerra de aniquilación contra la Unión Soviética.

Entonces, como ahora, una clase de académicos desempeña un papel central y repulsivo en el avance y la mascarilla ideológica de la política de guerra de la clase dominante. Entre los firmantes del llamamiento de guerra se encuentran profesores y catedráticos alemanes de las universidades de Kiel, Bradford, Bonn y Potsdam, así como oficiales de alto rango y profesores de las universidades militares de Hamburgo y Munich. Además, hay miembros de varios think tanks geopolíticos y academias de formación militarista. Sólo seis firmantes están asociados al Instituto de Política de Seguridad de la Universidad de Kiel (ISPK), cercano a la Marina alemana.

Muchos de los autores han estado siempre presentes en los medios de comunicación desde el comienzo de la guerra, puestos a difundir el veneno del militarismo. Entre los más destacados se encuentran Carlo Masala (Universidad de Munich) y Sönke Neitzel (Universidad de Potsdam), así como el planificador militar de la OTAN y miembro de la DGAP Heinrich Brauß, el analista austriaco Gustav Gressel (Consejo Europeo de Relaciones Exteriores) y el propagandista de las armas nucleares alemanas Maximilian Terhalle (London School of Economics).

El exgeneral Klaus Wittmann, uno de los autores, exigió recientemente en la prensa derechista de Springer una ‘contraofensiva ucraniana’ con tanques alemanes en el sureste del país.

Desde 2013, el Partido Socialista por la Igualdad (SGP) y su organización juvenil, Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (IYSSE), han advertido sobre la transformación de las universidades en centros de militarismo y propaganda bélica, como ocurrió antes de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. En aquel momento, el SGP y la IYSSE fueron las únicas organizaciones políticas que se opusieron a la conspiración militarista en el aparato estatal y mostraron cómo el fin de la ‘moderación militar’ de Alemania fue preparado sistemáticamente por los principales círculos políticos, militares, mediáticos y académicos.

Desde la publicación del documento programático ‘Nuevo poder, nueva responsabilidad’, hasta la publicación de un nuevo libro blanco de las Fuerzas Armadas alemanas y la relativización de los crímenes de los nazis por parte del profesor de la Universidad Humboldt Jörg Baberowski (‘Hitler no era un vicioso’), demostramos el papel de los profesores y académicos en el retorno del militarismo alemán. Christoph Vandreier, antiguo portavoz del IYSSE en Alemania y actual presidente del SGP, explicó en su libro ¿Por qué han vuelto? que ‘la élite gobernante en Alemania debe relativizar y trivializar los mayores crímenes de la historia de la humanidad para revivir los objetivos de dos guerras mundiales’.

En la Universidad Humboldt de Berlín, que desempeña un papel central en este sentido, la IYSSE está al frente de la lucha contra los intentos de la administración universitaria de suprimir las críticas a las posiciones de extrema derecha y militaristas. Las posiciones de Baberowski y Herfried Münkler —según las cuales Alemania debe convertirse en la ‘disciplinadora de Europa’, y la guerra de exterminio nazi debe verse como una reacción comprensible a la violencia de los bolcheviques— corresponden a la política de la clase dominante.

En condiciones de peligro concreto de guerra nuclear y del mayor programa de rearme alemán desde la caída del régimen nazi, los principales políticos del gobierno rinden homenaje a un embajador ucraniano que niega aspectos críticos del Holocausto ante una audiencia mundial. El objetivo declarado del gobierno alemán es dominar Europa militarmente y convertir a la UE en ‘un actor geopolítico’ bajo el liderazgo de Berlín.

Sólo un poderoso movimiento internacional antibélico de la clase obrera puede detener el camino hacia la Tercera Guerra Mundial y evitar que los crímenes históricos del imperialismo alemán sean eclipsados por otros nuevos. Las huelgas, las protestas masivas y el descontento social que se han desarrollado en todo el mundo desde el comienzo de la guerra en Ucrania demuestran que la base de tal movimiento ya está en marcha.

Los profesores y generales belicistas también son conscientes de ello. ‘Los próximos dos años serán muy difíciles’, concluyen en su manifiesto. ‘Es con gran preocupación’ que hay que afirmar que ‘hay repetidos llamamientos a una solución política o a un alto el fuego’. Para contrarrestar el previsible estallido social y político, es necesaria ‘una acción concertada de todas las fuerzas sociales y políticas relevantes’.

La clase obrera debe oponerse a la conspiración de la guerra y a la ‘acción concertada’ de la clase dominante con su propio programa. El SGP y sus partidos hermanos en el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CITI) harán todo lo posible para armar la lucha contra la guerra, el militarismo y la miseria social con una perspectiva socialista e internacionalista. La tarea de construir estas organizaciones asume ahora la máxima urgencia.

(Publicado originalmente en inglés el 29 de julio de 2022)

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