1.Henry Kissinger hoy está cumpliendo 100 años. Pocos estadistas han ejercido tanto poder, han generado tanto sufrimiento y −con razón− han sido acusados de tantas cosas. Algunos de sus variopintos acusadores −como Christopher Hitchens (1949), el enfantterrible de la izquierda vuelto un neoconservador, autor de un alegato para enjuiciar al genio de la geopolítica
por crímenes de guerra ( The Trial of Henry Kissinger, 2001, pp. 145) o Anthony Bourdain (1956), el chef-celebridad que remarcó que si una vez alguien haya estado en Camboya (la operación secreta de bombardeo ideada por Kissinger mató allí al menos 100 mil civiles) nunca dejará de querer matarlo a golpes con sus propias manos
y nunca podrá observar las exageradas adulaciones de este cerdo traicionero, prevaricador y asesino sin atragantarse
−, ya están muertos. Pero no Henry. Henry se niega a morir.