
Cuando en el 2021 advertíamos [1] que, el gobierno electo, no podía enfrentar la nueva coyuntura como un mero continuismo de la gestión anterior de 14 años del MAS (cuyo abandono paulatino de lo político en favor de un burocratismo empoderado, coadyuvó también a su pérdida de legitimidad y el éxito consecuente del golpe de Estado del 2019), poníamos de relieve un hecho fundamental para toda comprensión de lo político en la configuración estatal: si el Estado es la síntesis de la política (y aquí no nos referimos a la idea reduccionista y pueril que se tiene del Estado como apenas un órgano de poder), es por la existencia de un acontecimiento fundante que da sentido a la direccionalidad que el propio Estado se propone políticamente.






