
Quienes llevamos años trabajando en estas áreas sabemos que la labor exige negociación constante, respeto hacia los afectados y construcción de confianza en comunidades complejas. Cada paso en falso puede tener consecuencias graves, por lo que nuestro trabajo es paciente, discreto y basado en la experiencia directa. Sin embargo, personas externas, muchas veces blancas y con poco contacto real con estas problemáticas, llegan con su síndrome del Salvador, sin pensar dos veces, y actúan de manera improvisada, buscando protagonismo o visibilidad sin considerar el impacto real.









