
07/05/26
La primera vez que Selma Selman desmontó un electrodoméstico en una galería de arte, el gesto alteró el espacio. El ruido del metal, las piezas internas expuestas, la transformación de un objeto cotidiano en otra cosa. No era una metáfora decorativa. Era una pregunta política: quién tiene derecho a transformar la materia y quién queda relegado a sobrevivir entre sus restos.

Selman, artista romaní nacida en Bosnia y Herzegovina, lleva años formulando esa pregunta en instituciones internacionales. Desde Ijiton Magazine conversamos con ella sobre el lugar que ocupa la identidad en su práctica. Su respuesta fue precisa: «Las personas romaníes siguen siendo vistas a través del estereotipo y el racismo. Eso condiciona desde el acceso a la educación hasta la posibilidad de proyectar un futuro propio. Las niñas gitanas ocupan el lugar más vulnerable: no se espera de ellas que estudien, que creen o que ocupen espacios de decisión.»


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