Radiografía de una farsa política y mediática

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Desde las elecciones presidenciales de 2016 en Estado Unidos, que permitieron a Trump acceder a la Casa Blanca, hemos venido prestando una atención especial al montaje intoxicador que le calificaba como un personaje cercano a Putin. A veces esta payasada se presenta con el formato del “candidato manchú”: Rusia había interferido en aquellas elecciones para que triunfara “su candidato favorito”.

Tras comprobar el éxito, ese mismo formato se siguió aplicando luego a otras situaciones mundiales, como el independentismo catalán o el Brexit. El último capítulo de ese culebrón es el registro en la vivienda de Trump, una acción que carece de precedentes en los anales de ningún país del mundo.

Hemos sostenido que estos montajes forman parte de un Golpe de Estado, lo mismo que la intrusión en los servidores del Partido Demócrata o el asalto al Capitolio. Otros hablan de guerra civil. En cualquier caso, en Washington hay maniobras soterradas para mantener la política exterior del Partido Demócrata al frente de la Casa Blanca.

Lo interesante de estos culebrones es analizar el origen, que está en el FBI, aunque otras instituciones, como la Casa Blanca y Obama, no están exentas de responsabilidad en la farsa. A su vez, el FBI conduce a la pista de Igor Danchenko, que aparece en la foto de portada.

Danchenko es un residente estadounidense de origen ruso que trabajó como “experto” de la Brookings Institution, uno de los equipos de estudio de los imperialistas. Fue quien alimentó en 2016 el expediente recopilado por Christopher Steele, que no es más que una colección de falsedades.

El Partido Demócrata financió la investigación de Steele y lo utilizó durante meses para sabotear la política exterior que el equipo de Trump quiso implementar.

Danchenko compareció ante el Tribunal de Distrito de Estados Unidos en Alexandria, acusado de engañar al FBI. La pretensión del fiscal es distanciar a Danchenko del FBI. El responsable del montaje no fue el FBI sino su testigo.

Nunca existió ninguna conspiración rusa y el FBI lo supo desde el primer momento, pero la dirección política, nombrada por Obama, siguió a lo suyo porque hace lo que le mandan. Le ordenaron establecer algún vínculo de Trump con Putin, fuera como fuera.

El regalo les llegó de Steel, es decir, de Londres y del MI6, un organismo experimentado en este tipo de farsas. Para el FBi era la manera de tirar balones fuera. La fuente era el MI6, que siempre es “intachable”.

A finales de julio el Washington Times publicó (*) un reportaje de Rowan Scarborough demostrando que las fuentes no llegaban de tan lejos. El montaje tuvo su origen en el FBI y el MI6 sirvió de puente para borrar las pistas.

El caso es que todo es un engaño. Danchenko “engañó” al FBI que, a su vez, “engañó” a los medios que, finalmente “engañaron” al mundo entero. Los sagaces sabuesos del FBI no son tan listos como en las películas y los periodistas que se hacen eco de sus informaciones son imbéciles de remate.

(*) https://www.washingtontimes.com/news/2020/jul/26/igor-danchenko-outed-steele-dossier-source/

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