Eric Blanc 17/05/2026

Zohran Mamdani pronunció la palabra «cumplir» veintidós veces en su discurso de celebración de los primeros cien días en el cargo. Es el tema definitorio de su administración —y es una limitación—.
El discurso del alcalde puso de relieve sus convicciones socialistas democráticas y ofreció un ejemplo tras otro de cómo ha desmentido su Ayuntamiento la afirmación de los escépticos de que «la izquierda sabe debatir, pero nunca cumple». Entre los aspectos más destacados se incluyen grandes logros, como la ampliación de las guarderías universales y la aprobación de un impuesto sobre segundas residencias (“pied-à-terres”), así como mejoras más modestas pero reales, como cubrir 102.000 baches de las calzadas.
Es fantástico que Zohran esté cumpliendo sus promesas y utilice su programa para defender el socialismo democrático. Y han sido astutas las acrobacias ejecutadas al colaborar con la gobernadora centrista del estado de Nueva York [Kathy Hochul]. Pero es un problema que los neoyorquinos de a pie estén recibiendo esos beneficios, en lugar de ayudar a conseguirlos.
Estos logros políticos se han sentido de forma muy diferente a las victorias de Zohran en las primarias y las elecciones generales. Aquellas se vivieron como victorias nuestras, porque surgían no sólo de las acciones de Zohran, sino también de las acciones de un millón de votantes y casi 100. 000 voluntarios. En cambio, los recientes logros políticos se han sentido como regalos caídos de arriba.
Para transformar verdaderamente nuestra ciudad, los neoyorquinos de a pie deben sumarse a la lucha. Y necesitamos la ayuda del alcalde para que eso sea posible.
¿A quién se deben los logros?
La campaña de Zohran y los primeros pasos de su administración han reescrito las reglas del juego político en muchas cuestiones de importancia, revelando oportunidades políticas para la izquierda que, antes de su llegada a la alcaldía, muchos creían inexistentes. Pero en lo que respecta a impulsar activamente la organización de masas, el alcalde Mamdani aún tiene margen de mejora.
La retórica sobre la participación de masas aún no se ha visto acompañada de forma coherente por hechos. Tomemos como ejemplo el discurso de Zohran de la noche electoral. Fue conmovedor, se basó en la tradición socialista y argumentó que «ganamos porque insistimos en que la política ya no sería algo que se nos hiciera. Ahora, es algo que hacemos nosotros».
Lo que el discurso no hizo fue decirle a los millones de personas que lo veían desde casa qué podían hacer para implicarse en esa lucha. Y, en su mayor parte, los neoyorquinos han vuelto a la rutina diaria.
En la pelea por gravar fiscalmente a los ricos a fin de sacar adelante su agenda, Zohran ha publicado numerosos vídeos informativos útiles. Pero en ningún momento les ha pedido a sus seguidores que presionen a los cargos electos que bloquean ese camino, ni les ha proporcionado vías para hacerlo, ni asistió a la manifestación «Tax the Rich» (gravemos fiscalmente a los ricos) organizada en Albany por organizaciones como Our Time y los Socialistas Democráticos de Norteamérica de la Ciudad de Nueva York (NYC-DSA). Tampoco tiene previsto asistir a la concentración de este jueves [29 de abril] en favor de gravar a los ricos frente a la oficina de la gobernadora Hochul.
Para ser justos con el alcalde, no existe una fórmula sin costes para resolver el dilema de cómo relacionarse con Hochul, dado que tiene que presionarla y colaborar con ella al mismo tiempo. El alcalde debe elegir bien sus batallas. Y dado que la gobernadora sí que cedió en el impuesto sobre las segundas residencias tras insistir repetidamente en que no gravaría fiscalmente a los ricos en absoluto, y que la presidenta del concejo municipal, Julie Menin también está ahora presionando para aumentar los ingresos, quizá el enfoque de Zohran respecto a gravar a los ricos fuera tácticamente correcto. Hay que reconocer lo que hay que reconocer: la administración ha logrado mucho hasta ahora, incluso sin una gran organización de base.
El problema es que la vacilación hasta hoy de Zohran a la hora de utilizar su enorme plataforma para ayudar a los neoyorquinos a unirse a la pelea ha sido más la norma que la excepción. En su mayor parte, el mensaje que hemos recibido de la administración y del alcalde desde la noche de las elecciones es: «Lo tenemos controlado». Sin duda, supone una gran mejora respecto a decenios de negligencia neoliberal. Pero, ¿dónde están los vídeos virales sobre cómo pueden organizarse los neoyorquinos para hacer realidad sus ambiciosos objetivos políticos?
Aunque el apoyo activo del alcalde Mamdani a los candidatos al Congreso de NYC-DSA como Claire Valdez ha ayudado a reclutar gente para la organización, se han afiliado menos de 2.000 personas desde las elecciones. NYC-DSA cuenta ahora con unos 14.000 miembros, lo que supone un gran paso adelante respecto a la anterior marginalidad de nuestro movimiento, pero sigue siendo una cifra relativamente modesta en comparación con los aproximadamente 100.000 voluntarios de la campaña de Zohran y el millón de votantes que le respaldaron en las elecciones generales.
Es cierto que Zohran ha participado en piquetes y que la Oficina del Alcalde para la Protección de los Inquilinos está realizando una importante labor al apoyar la organización de los inquilinos en contra de los propietarios abusivos. Además, la Oficina de Participación Ciudadana (OME) de la administración constituye una iniciativa prometedora. Esperemos que muy pronto veamos grandes avances por parte de la OME; la falta de un enfoque inicial de Zohran hacia la organización de base podría deberse a que lleva tiempo poner en marcha una nueva oficina municipal sólida. Por otro lado, ni siquiera las mejores agencias municipales tendrán mucho margen para librar grandes batallas políticas o enemistarse con los políticos del establishment; para eso, se necesita una organización de la clase trabajadora fuera del ámbito de los diversos estados.
En general, la envergadura de las iniciativas de organización respaldadas por Zohran está muy por debajo de lo que exige el momento.
El «socialismo del alcantarillado»
En su discurso de los primeros cien días, Zohran planteó su enfoque como repetición de las famosas administraciones socialistas de Milwaukee de principios del siglo XX: «Hoy conocemos a estos líderes como los ‘socialistas de alcantarillado’. Pero durante años, los habitantes de Milwaukee los conocieron simplemente como líderes que cumplían. Es hora de que traslademos esto a la ciudad de Nueva York».
Zohran tiene razón al afirmar que los socialistas del alcantarillado de Milwaukee lograron mejoras significativas en la vida de la clase trabajadora. Sin embargo, al mismo tiempo, siempre se centraron en fortalecer la organización de los trabajadores dentro de sindicatos de masas y el Partido Socialista. Tal como afirmó,dijo el líder del partido, Victor Berger: «Debemos alcanzar por encima de todo el fortalecimiento moral, físico e intelectual del proletariado».
Podemos hacernos una idea de ello a partir del artículo del Milwaukee Free Press sobre el discurso que pronunció Berger en el mitin de la noche electoral, cuando los socialistas ganaron las elecciones a la alcaldía de 1910:
“El señor Berger dio un paso al frente y se hizo el silencio entre el público cuando comenzó a hablar. «Quiero pedirles a todos los hombres y mujeres de este público que se pongan en pie aquí y ahora y hagan solemne promesa de obrar todo lo que esté en nuestra mano para ayudar a los hombres que el pueblo ha elegido para cumplir con su deber», declaró el señor Berger. Como una poderosa ola de humanidad, la multitud se puso en pie y, en un grito que sacudió el edificio y resonó por la calle hasta llegar a los miles que esperaban allí, formularon la promesa requerida”.
Una de las diferencias fundamentales entre los socialistas e incluso los mejores de los progresistas era que estos últimos no estaban orientados de manera sistemática a la construcción de organizaciones de base. La maquinaria política de las bases de los socialistas de Milwaukee, combinada con su liderazgo de todo el movimiento sindical organizado del estado, le proporcionaba al Ayuntamiento el poder que necesitaba para impulsar la legislación y moldear la opinión pública.
De hecho, el alcalde socialista de la ciudad, Daniel Hoan, subrayó que, si otras ciudades querían emular el éxito de Milwaukee, no bastaba con elegir a «hombres honestos y competentes»: «Debe formarse un partido político permanente para proporcionar aliento y asistencia activa al actual ejecutivo y a su administración, y para garantizar que los sucesivos ejecutivos continúen con las políticas deseadas».
Una de las razones clave por las que los socialistas tuvieron éxito al aprobar reformas transformadoras fue que los políticos del establishment temían que, de no hacerlo, los socialistas y sus sindicatos convencieran a los votantes de Milwaukee para que los desestimaran en las siguientes elecciones.
Dado que los socialistas del alcantarillado carecían de mayoría en el ayuntamiento, el historiador Todd Fulda señala que el alcalde Hoan adoptó «un enfoque populista de gobierno, apelando directamente a los ciudadanos de Milwaukee para que apoyaran sus reformas y presionaran a los concejales no partidistas con el fin de que también las respaldaran». Ese mismo enfoque marcó la estrategia del partido a escala del estado [de Wisconsin], lo que llevó a los organizadores a analizar la asamblea legislativa para identificar puntos de presión con los que convencer a los cargos electos indecisos.
Un periodista socialista de la época señaló que «muchas de las cosas que la administración socialista ha hecho y está haciendo podrían haber sido hechas y quizá lo hayan sido por administraciones no socialistas». Pero tales dádivas desde arriba «siempre tenían el defecto y el estigma de ser entregadas a los trabajadores con un aire de benevolencia». Este ya no era el caso:
“Con cada pequeña ventaja que ahora se consigue en materia de educación y condiciones sociales y económicas, el trabajador siente que le corresponde por derecho, gracias a la fuerza de la clase a la que pertenece. … Esto es realmente lo mejor que ha hecho por los trabajadores la elección de los socialistas al poder en la ciudad y el condado, o más bien lo que los trabajadores han hecho por sí mismos”.
Por qué es importante
Dado que Zohran está cumpliendo sus promesas, comunicándolas de forma excelente al público y manteniendo una gran popularidad, ¿es realmente necesario centrarse más en la organización de base? Sí, por cuatro razones fundamentales.
En primer lugar, se necesitará mucho más poder para aprobar las metas políticas más ambiciosas de Zohran, como las guarderías gratuitas para todos los neoyorquinos de entre seis semanas y cinco años y la construcción de 200.000 viviendas asequibles, construidas por sindicatos y con alquileres estabilizados. La oposición y el sabotaje de nuestros oligarcas locales y sus lacayos políticos han sido relativamente moderados por el momento. A menos que en la lucha se impliquen muchos más neoyorquinos de clase trabajadora, es difícil ver cómo se puede cumplir con toda la agenda.
En segundo lugar, hasta con los políticos más carismáticos del mundo y la mejor estrategia de comunicación, la popularidad y el buen ambiente pueden evaporarse rápidamente sin una base organizada sólida. Cuando llegue la primera crisis grave (y llegará, tarde o temprano), la gente corriente recurrirá a los mensajeros de confianza de su vida, sus lugares de trabajo y sus barrios para decidir si deben seguir apoyando a Zohran o no. Mientras no ayudemos a desarrollar una amplia capa intermedia de líderes organizados de clase trabajadora —mucho más allá del alcance de la actual izquierda con formación universitaria—, nuestro proyecto seguirá siendo frágil.
En tercer lugar, Zohran sólo puede ser alcalde durante dos mandatos. Si dependemos por completo de su carisma y su brillantez para lograr victorias, será mucho más difícil mantener este impulso y seguir transformando Nueva York en la ciudad asequible en la que sabemos que puede convertirse.
En cuarto lugar, todo el mundo ve el mandato de Zohran como alcalde como un modelo a seguir —a escala local, de los estados y, potencialmente, para cargos ejecutivos a escala nacional—. Nos quedaremos cortos en todos los Estados Unidos y en el mundo si la lección que se extrae de su mandato es simplemente que hay que cumplir y comunicarse bien.
Hasta los políticos de izquierda más íntegros, carismáticos y competentes, sólo pueden cumplir por sí solos hasta cierto punto mientras la clase trabajadora se mantenga al margen. Y dado que la mayoría de nuestros candidatos en otros lugares no podrán contar con el astronómico carisma de Zohran, ni con el mismo nivel de atención mediática, la organización de base en otros lugares cobra aún más importancia. Necesitamos que todos los cargos públicos anticorporativos, incluido Zohran, utilicen sus plataformas y cargos para animar directamente a la gente corriente y canalizarla hacia organizaciones democráticas de masas y campañas a gran escala en favor del cambio.
Zohran ha articulado esta visión; ahora se trata de ponerla en práctica de forma coherente. Tal como declaró en su discurso de victoria electoral: «Que las palabras que hemos pronunciado juntos, los sueños que hemos soñado juntos, se conviertan en la agenda que cumplamos juntos».
Fuente:
Labor Politics, 28 de abril de 2026
Traducción: Lucas Antón