Perú: Wolbachia. Bacteria que prueba en mosquitos para combatir dengue, genera debate.

El Sudamericano                                                                                                             Melissa Rubio Castillo                                                                                 15/05/26

En 2026, más de 400 mil habitantes de un distrito popular de Lima vivirán un plan piloto que liberará mosquitos infectados con una bacteria natural para reducir el dengue. La estrategia es presentada como segura, pero expertos y vecinos cuestionan sus riesgos ambientales y sociales.

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Un piloto que genera dudas

Más de 400 mil habitantes de Comas, distrito populoso de Lima, serán escenario de un proyecto piloto en 2026: liberar mosquitos Aedes aegypti infectados con la bacteria Wolbachia para frenar el dengue. La estrategia se promociona como segura e innovadora. Sin embargo, no existe garantía absoluta de que no genere efectos colaterales invisibles hoy, pero irreversible mañana..

No basta con decir “no son transgénicos”

Es cierto, estos mosquitos no son transgénicos. La Wolbachia es una bacteria natural, presente en el 50% de los insectos del planeta y sin efectos conocidos en la salud humana. Evaluaciones en países como Australia, Colombia e Indonesia concluyeron que el riesgo era “insignificante” o “aceptable”.

Pero que no sean transgénicos no significa estar exentos de impactos. Introducir insectos intervenidos en un ecosistema urbano requiere mucho más que una promesa de seguridad: exige estudios serios, independientes y vigilancia a largo plazo.

Casos internacionales que aportan aprendizajes

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Los impactos que deben evaluarse antes de liberar mosquitos

Antes de lanzar millones de mosquitos Wolbachia al ambiente, deberían responderse estas preguntas de forma transparente:

1. ¿Qué pasa con otros mosquitos?

Al introducir poblaciones infectadas, se podrían alterar dinámicas naturales, desplazar especies competidoras o incentivar resistencia genética.

2. ¿Qué ocurre con otros insectos?

No hay información concluyente sobre si Wolbachia podrá transmitirse de forma cruzada o afectar polinizadores (abejas, mariposas), insectos beneficiosos o la biodiversidad local.

3. ¿Qué efecto tiene en la salud humana y animal?

Aunque no hay evidencia de daño hasta ahora, los efectos acumulativos de millones de picaduras, reacciones alérgicas, o interacciones imprevistas con otras enfermedades deben estudiarse.

4. ¿Qué consecuencias habrá en el largo plazo?

Es posible que haya efectos irreversibles. Sin estudios ecológicos y genéticos prolongados, la liberación podría generar desequilibrios que luego no puedan corregirse.

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Los desafíos logísticos y la voz de la OPS

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que estas tecnologías no son simples: requieren infraestructura para criar y liberar millones de mosquitos, un sistema de monitoreo entomológico permanente y altos costos iniciales (paho.org).

Además, señala que la estrategia debe integrarse al Manejo Integrado de Vectores ya existente, no sustituirlo, para evitar dependencia exclusiva en un solo método.

Un punto crítico es el mantenimiento: si los programas se interrumpen, como se vio en Medellín, la prevalencia de Wolbachia puede caer y con ello la protección frente al dengue.

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Comunicación y percepción ciudadana

La (OPS) también enfatiza la necesidad de sensibilización comunitaria. Sin comunicación clara, puede surgir rechazo público alimentado por rumores o confusión con organismos genéticamente modificados (paho.org).

En Perú, el MINSA ha desplegado notas de prensa, módulos informativos y 45 agentes comunitarios que recorren casa por casa en Comas para explicar el proyecto (gob.pe). En la primera reunión participaron vecinos con módulos de información, y medios como Agencia Andina e Infobae difundieron la estrategia. Incluso la Embajada de EE.UU. y el World Mosquito Program acompañaron el lanzamiento, reforzando la idea de transparencia.

Aun así, los testimonios de algunos vecinos denuncian que firmar asistencia a charlas se presentó como consentimiento, lo que erosiona la confianza. Aquí está la gran contradicción: mientras los organismos resaltan la importancia de la participación comunitaria, en el terreno la comunicación oficial puede percibirse como ambigua o vertical.

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Innovar sí, pero con ética

Frente a un problema tan grave como el dengue, la innovación es necesaria. Pero no puede basarse en promesas sin respaldo sólido ni en consentimientos mal explicados.

Si Comas va a ser el territorio donde se desplieguen los primeros mosquitos Wolbachia del plan 2026, que al menos se respete:

  • La realización de evaluaciones ambientales independientes y públicas.

  • Estudios médicos sobre la salud humana y animal, con seguimiento prolongado.

  • Transparencia total en costos, contratos y dependencias con empresas externas.

  • Participación comunitaria real, con consentimientos informados y no meros registros de asistencia.

De lo contrario, el riesgo es que lo que se presente como solución termine dejando una lección amarga: Comas convertido en laboratorio donde la ciencia se prueba en los más vulnerables.

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MINISTERIO DE SALUD PRUEBA MOSQUITOS CON WOLBACHIA CONTRA EL DENGUE EN LIMA

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Mientras crecen dudas sobre información y participación ciudadana.

Más de 400 mil habitantes de Comas, uno de los distritos más poblados de Lima, serán parte de una estrategia del Ministerio de Salud (MINSA) del Perú que busca reducir el dengue mediante la liberación de mosquitos infectados con la bacteria Wolbachia. Aunque estudios internacionales muestran resultados alentadores, vecinos y especialistas consultados cuestionan la transparencia y la forma en que se está comunicando el proceso.

Más de 400 mil habitantes de Comas, uno de los distritos más poblados de Lima, serán parte de una intervención sanitaria inédita en Perú.

Mediante la Resolución Ministerial N° 485-2025/MINSA, el Ministerio de Salud aprobó el Plan de implementación y evaluación de la estrategia Wolbachia para el control del dengue en escenarios priorizados 2025–2027, una estrategia sanitaria de gran escala frente al dengue en el país.

La estrategia consiste en liberar mosquitos Aedes aegypti portadores de la bacteria Wolbachia, una bacteria natural presente en cerca del 50% de las especies de insectos, que reduce la capacidad del mosquito de transmitir virus como dengue, zika y chikungunya.

Según información oficial difundida por el propio sector, la intervención en Comas contempla una escala considerable: alrededor de 400 mil personas, más de 76 mil viviendas, 18 establecimientos de salud y cerca de 6,000 puntos de liberación en un área de 20 km².

En el plano científico, la estrategia cuenta con estudios internacionales que respaldan su eficacia en determinados contextos.

El ensayo comunitario AWED (Applying Wolbachia to Eliminate Dengue), realizado en Yogyakarta (Indonesia) y publicado en 2021 en The New England Journal of Medicine, reportó una reducción del 77% en casos de dengue virológicamente confirmados y del 86% en hospitalizaciones en zonas intervenidas con mosquitos portadores de Wolbachia. Estos resultados han sido citados en publicaciones científicas y documentos institucionales como evidencia relevante de su eficacia.

Sin embargo, especialistas advierten que los resultados de este tipo de estudios no necesariamente son extrapolables a todos los contextos, debido a diferencias sociales, climáticas, urbanas y epidemiológicas.

En el Perú, el plan aprobado por el MINSA contempla un presupuesto de S/ 12,262,338, de los cuales S/ 6,662,338 serán asumidos por el Estado peruano, a través del MINSA y el Instituto Nacional de Salud (INS), mientras que S/ 5,600,000 serán financiados por cooperantes internacionales, entre ellos el Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico (PRVCU) y el World Mosquito Program (WMP).

De acuerdo con la resolución ministerial, estas organizaciones aportarán huevos de Aedes aegypti (cepa peruana) infectados con Wolbachia, así como asesoría técnica para la implementación del plan.

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La preocupación vecinal

Cuando una política pública llega a un barrio con la promesa de reducir una enfermedad, la pregunta no es solo si funciona, sino cómo se implementa y cómo se comunica.

Nadia Carolina Cruz Estrella, vecina de San Felipe, zona 8 de Comas, ha seguido el tema de cerca junto con otros dirigentes. Su preocupación no apunta a rechazar la ciencia, sino a la forma en que se está informando a la población.

“Se está intentando socializar y obtener aceptación de la población, pero no te informan los pros y los contras”, afirma.

El testimonio pone sobre la mesa un punto central del debate: si la información brindada a la población ha sido suficiente para garantizar una participación informada.

Según testimonios recogidos en la zona, persiste incertidumbre sobre cómo se obtuvo la aceptación vecinal, qué información se entregó realmente y si la población ha tenido un rol activo o principalmente informativo dentro del proceso.

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Transparencia y control

A esta preocupación se suma la mirada del Dr. Vladimir Osorio Anayo, médico consultado para este reportaje, quien señala que una estrategia de esta magnitud exige estándares altos de transparencia, monitoreo y control.

Según explica, el debate no debería centrarse en “creer o no creer” en Wolbachia, sino en exigir claridad sobre aspectos fundamentales: qué se libera exactamente, quién supervisa la calidad del proceso, cómo se medirá el impacto real y qué protocolos existen ante resultados no previstos.

En otras palabras, el debate no se centra únicamente en la tecnología, sino también en la gestión pública que la implementa.

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¿Qué dicen las experiencias internacionales?

En esa misma línea, Nadia plantea una observación tras revisar información pública del panel australiano del National Notifiable Diseases Surveillance System (NNDSS). “Si en Queensland aplicaron Wolbachia y en otros lugares no, ¿por qué bajaron igual?”, cuestiona.

La pregunta abre una discusión relevante: en epidemiología, la reducción de casos puede estar influida por múltiples factores, como cambios climáticos, inmunidad poblacional, movilidad humana, campañas de fumigación u otras intervenciones sanitarias.

Además, el contexto australiano no es directamente comparable con el peruano. En varias regiones de Australia, el dengue presenta una alta proporción de casos importados, mientras que en Perú existe transmisión urbana sostenida en diversas zonas del país. Esto no invalida la estrategia Wolbachia, pero sí refuerza la necesidad de evaluar sus resultados en el contexto local y evitar presentarla como una solución única.

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Lo que está en juego

Hasta el cierre de esta edición, no se encontró evidencia pública que invalide por sí sola la eficacia de Wolbachia. Sin embargo, persisten preguntas sobre su implementación local, su fiscalización y la forma en que ha sido comunicada a la ciudadanía.

En Comas, lo que está en juego no es solo el control del dengue. También está en discusión la confianza pública en una política sanitaria que busca ingresar a uno de los distritos más poblados de Lima. Porque una estrategia puede ser técnicamente prometedora y, al mismo tiempo, generar cuestionamientos sobre transparencia, comunicación y supervisión.

Y cuando eso ocurre, el debate deja de centrarse únicamente en el mosquito y se traslada a la gestión pública.

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Fuentes consultadas:

https://www.gob.pe/institucion/minsa/normas-legales/6992409-485-2025-minsa

https://nindss.health.gov.au/pbi-dashboard/

https://www.saludladera.gov.co/docs/Transparencia%20y%20Acceso%20Informacion%20Publica/4.%20Planeacion,%20presupuesto%20e%20informes/4.16%20Gestion%20del%20conocimiento%20y%20la%20innovacion/informe%20cali%20fase%20IV%20wolbachia%20wmp.pdf