Las mentiras incómodas de Gore cumplen 20 años

MPR21                                                                                                                                Redacción                                                                                                                        19/05/26

A finales de los noventa Al Gore era conocido como vicepresidente de Estados Unidos, la sombra de Bill Clinton. Luego se hizo aún más famoso por su documental “Una verdad incómoda”, difundida en 2006 por todo el mundo, sobre todo después de ganar un Óscar y un Premio Nóbel de la Paz.

Dentro de unos días se va a celebrar el 20 aniversario de aquel montaje cinematográfico. En España algunas instituciones públicas adquirieron copias del documental para enviarlas a bibliotecas, centros de recursos para el profesorado o centros de documentación ambiental, como el CENEAM, que depende del Ministerio para la Transición Ecológica.

Hay que tener cuidado con el contrabando que se introduce en las bibliotecas y centros de investigacion. Incluso el New York Times ha comenzado a publicar artículos afirmando que “la política climática se encuentra en una retirada innegable”. Pero no se trata sólo de la política; las décadas de fraudes han dinamitado las doctrinas seudoecologistas.

En el documental Gore decía que dentro de 15 años el hielo desaparecería del Parque Nacional de los Glaciares. Pero los turistas aún viajan para contemplarlos.

“Dentro de una década, no habrá más nieve en el Kilimanjaro”, profetizó Gore. Sin embargo, las fotos muestran otra cosa diferentes en la montaña más alta de África.

El centro de Manhattan “pronto” quedaría inundado permanentemente debido al deshielo del Ártico. Tampoco ha ocurrido nada de eso… al menos de momento.

Gore indicó que “los huracanes se estaban volviendo más fuertes debido al cambio climático”. Eran el núcleo central de sus alarmas, pero no son ahora más frecuentes ni más graves que antes, como muestran los recuentos y mediciones.

En 2009, en la cumbre climática de Copenhague, Gore dijo que existía “un 75 por ciento de posibilidades” de que, durante los meses de verano, toda la capa de hielo del Ártico quedara completamente libre de hielo “dentro de cinco a siete años”. En 2016 el hielo debería haber desaparecido, pero no ha sido así.

En cuanto a los osos polares, que según Gore estaban en peligro de extinción porque tenían que nadar hasta 100 kilómetros para encontrar hielo sobre el que pararse, su mayor enemigo no era el cambio climático sino la caza, que fue prohibida en 1973. La cifra de osos se ha triplicado desde finales de los años sesenta.

En su libro de 1992 “Earth in the Balance”, Al Gore escribió que, según “algunas predicciones”, en las próximas décadas, es posible que hasta el 60 por ciento de la población actual de Florida deba ser reubicada”.

No es posible a qué se refería con “algunas predicciones”. Quizás estaba citando al hechicero de alguna tribu de “expertos” que no conocemos. Lo que sí sabemos es que en 1992 Florida tenía 13 millones y ahora, “algunas décadas después” la población se ha duplicado.

Gore es un vendedor de humo que multiplicó sus ingresos con la histeria climática. El New York Times lo calificó como el primer multimillonario del carbono del mundo. Lo peor es que en el mundo hay muchos parásitos como él, que viven de la venta de humo, aunque no han acumulado tanto dinero.

El fin de los escenarios ‘inverosímiles’

El mes pasado el IPCC publicó un informe en el que reconoce sus errores pasados: los escenarios extremos que había pronosticado son “inverosímiles”. Se ha quedado corto: esos escenarios eran absolutamente falsos, tanto los extremos como los medianos.

El diario neerlandés De Volkskrant lo anuncia en su portada: “Expertos climáticos de la ONU abandonan los escenarios apocalípticos”. El periódico califica la noticia de “trascendental” y añade que “casi todo lo que se ha leído sobre el futuro climático es erróneo”.

Pero los demás medios se callan. Se han pasado décadas contando mentiras y no quieren reconocerlo. Las políticas económicas implementadas en nombre del calentamiento han constituido uno de los mayores ridículos de la historia reciente. Veremos lo que tardan en desaparecer esos ministerios de “transición ecológica” y los parásitos que han vivido de ellos.

En torno a la descarbonización y demás mitos se empieza a tender un muro de silencio. El diario De Volkskrant es una excepción. En Estados Unidos ningún medio “prestigioso” se ha hecho eco de la noticia. La BBC y el Guardian también se han callado.

En Francia, el 8 de mayo Le Point sustituyó un fraude por otro. Publica un artículo titulado “Clima: Los escenarios más alarmistas del IPCC ya no son relevantes” y, al mismo tiempo sugiere que ello se debe a las políticas climáticas.

En Alemania, Die Welt resalta el carácter “irreal” de las previsiones del IPCC, pero para los demás medios el IPCC ha dejado de ser fuente de noticias. Durante décadas los ridículos vaticinios del IPPCC han llenado las portadas de los medios del mundo porque eran la auténtica ciencia. Ha sido un formidable lavado de cerebro. Una sencilla búsqueda puede localizar más de 100.000 artículos que hacen referencia al cambio climático.

De la noche a la mañana hemos pasado de la intoxicación al silencio. Más vale no remover el asunto.