MPR21 Redacción 23/05/26

Las guerras siempre han conducido a la militarización de las sociedades, aunque ahora la cuestión ha dado un giro de 180 grados: la mejor manera de ir de cabeza a una guerra es empezar por militarizar la sociedad, convertirla en un cuartel. Al final, si la histeria ha cuajado lo suficiente entre al población, la guerra es la consecuencia casi inevitable.
Noruega es un buen ejemplo porque es un país miembro de la OTAN que, además, al lado tiene a Rusia, que juega el papel de ogro en los cuentos para niños. El primer ministro, Jonas Gahr Store, ha impuesto la “defensa total”, preparando a la población para “lo peor”. Luego, si “lo peor” no llega, cualquier cosa mala nos alivia.
El refugio antiaéreo St. Hanshaugen es uno de los más grandes de Oslo. Está excavado debajo de un parque tranquilo y puede acoger a 1.100 personas detrás de sus pesadas puertas metálicas, si alguna vez sucede “lo peor”.
No es acogedor, pero está diseñado para proteger contra la amenaza de bombardeos y materiales químicos, biológicos, radiológicos y nucleares.
Noruega tiene unos 18.600 refugios, que no son capaces de albergar a la mitad de una población de 5,6 millones de personas. El jefe de la Defensa Civil de Noruega, Oistein Knudsen dice que fueron construidos durante la Guerra Fría. Son húmedos. Son viejos y “es necesario actualizar bastantes de ellos”, dice.
La construcción de refugios se encuentra entre las 100 propuestas incluidas el año pasado en un libro blanco. El gobierno quiere restablecer la obligación de equipar nuevos edificios grandes con refugios antiaéreos, requisito que se eliminó en 1998 tras el fin de la Unión Soviética. La idea no es construir refugios costosos y de primer nivel, sino protección básica contra amenazas como los drones, que ahora dominan los campos de batalla.
“Mis colegas ucranianos están librando una guerra existencial en su propio territorio y aún así se toman el tiempo para compartir experiencias”, dice Knudsen que ha escuchado a sus “colegas” afirmar que los rusos son tan malvados que atacan a la población civil. Por eso los noruegos deben protegerse para “lo peor” y deben hacerlo ellos mismos porque el ejército está ocupado en otros asuntos más importantes.
El gobierno también quiere aumentar el número de hombres y mujeres en la defensa civil en un 50 por ciento, hasta alcanzar los 12.000, exigiendo a todos los municipios que establezcan “consejos locales de preparación y aumentar la tasa de autosuficiencia alimentaria al 50 por ciento para 2030”.
Por otra parte, se insta a los hogares a almacenar suficientes suministros para siete días, lo que parece una guerra demasiado breve.
Estamos en el año de la ‘defensa total’
En su discurso de Año Nuevo, el Primer Ministro Jonas Gahr Store advirtió a sus conciudadanos que la guerra “podría volver a llegar a Noruega”. Ha declarado 2026 como el año de la “defensa total”, un concepto destinado a preparar todas las facetas de la sociedad (militar, administraciones, empresas) para una gran crisis o guerra.
“Hemos disfrutado del lujo en Noruega durante muchas décadas de poder gastar nuestros recursos en otras cosas”, dijo la secretaria de Estado Kristine Kalset del Ministerio de Seguridad Pública.
“Cuando la situación de seguridad se deterioró, nos dimos cuenta de que hay una serie de cosas que debemos hacer para garantizar que nuestra preparación también tenga en cuenta la guerra en el peor de los casos”, añadió.
La situación mundial es tan fea que entre las peores amenazas no podían faltar las crisis climáticas, ni las pandemias, junto a las bombas nucleares, o Ucrania, o el polvorín de Oriente Medio.
“El panorama actual de amenazas –ya sea la crisis climática, la rivalidad entre superpotencias, la guerra en Ucrania, Medio Oriente o las pandemias–, es mucho más interdisciplinario que hace 20 años, dijo Jarle Lowe Sorensen, imparte lecciones de gestión de crisis en la Universidad del Sur de Noruega.
“Estamos en el camino correcto en términos de preparación […] pero existen mecanismos burocráticos, legales y organizativos que a menudo obstaculizan el correcto funcionamiento del sistema e impiden que todo encaje de una manera verdaderamente óptima”, afirma el académico.
Según un estudio de defensa civil, a pesar del esfuerzo del gobierno, la histeria avanza muy lentamente entre los noruegos. Sólo el 37 por ciento dice haber aumentado su preparación durante el año pasado, pero sólo el 21 por ciento teme una guerra en suelo del país en los próximos cinco años.
Hay que aumentar esas cifras. Lo mismo que las pandemias, las guerras necesitan un grado de histeria mínimo.