Gobierno de Biden otorga inmunidad al príncipe heredero saudí, asesino de Jamal Khashoggi

Fuente: https://www.wsws.org/es/articles/2022/11/22/pers-n22.html?pk_campaign=newsletter&pk_kwd=wsws                        Patrick Martin                                                                                    22.11.22

El Departamento de Estado le ha otorgado inmunidad al príncipe heredero Mohamed Bin Salman, protegiéndolo de cualquier imputación por el asesinato del ciudadano estadounidense y disidente político saudí, Jamal Khashoggi. La decisión fue anunciada la semana pasada y ampliamente reportada el viernes.

Esta acción demuestra que la afirmación del Gobierno de Biden de defender la democracia y los derechos humanos —la supuesta justificación de sus intervenciones en la guerra de Ucrania y en el resto del mundo— es una rotunda mentira.

Durante su visita a Arabia Saudita en mayo, cuando los periodistas le preguntaron sobre el asesinato y desmembramiento de Khashoggi a manos de un escuadrón asesino dentro del Consulado saudita en Estambul, Turquía, Biden dijo desdeñosamente: “¿Por qué no hablan sobre algo importante? Con gusto respondo alguna pregunta relevante”. Esa es la voz auténtica y arrogante del imperialismo estadounidense.

[AP Photo/Bandar Aljaloud/Saudi Royal Palace via AP]

El Departamento de Estado estaba respondiendo a una solicitud oficial de un juez federal sobre una demanda civil presentada por la prometida de Khashoggi, Hatice Cengiz, así como un grupo de derechos humanos que Khashoggi fundó, quienes buscan obligar a Bin Salman a rendir cuentas por el asesinato. Emitió instrucciones al Departamento de Justicia de EE.UU. de intervenir en el caso informándole al juez que Bin Salman cuenta con inmunidad soberana, “que Estados Unidos ha otorgado de manera consistente en varias Administraciones a los jefes de Estado y Gobierno y a cancilleres mientras ocupen el cargo”.

La acción parece estar coordinada con el régimen saudí, ya que, en septiembre, Bin Salman fue nombrado primer ministro por su padre, el rey. Según la tradición saudí, el rey ocupa dicho título, mientras que el hijo es primer ministro adjunto. El nombramiento calificó a Bin Salman para ser eximido de cualquier responsabilidad legal. Bin Salman no ha viajado a Europa ni Estados unidos desde el asesinato de Khashoggi en 2018 para evitar posibles problemas legales.

Durante la elección de 2020, Biden se comprometió a convertir Arabia Saudita en una “paria” mundial por el asesinato de Khashoggi. Al llegar al poder, publicó una evaluación de la CIA, que tiene una amplia experiencia en asesinatos y su encubrimiento, donde concluye que Bin Salman ordenó el asesinato de Khashoggi y que fue ejecutado por su propio jefe de seguridad personal.

Fred Ryan, el editor del Washington Post, donde Khashoggi escribía artículos de opinión regulares enfocados en Oriente Próximo y, particularmente en la monarquía saudita, reclamó al Departamento de Estado en una declaración que afirma: “El presidente Biden no está cumpliendo con nuestros valores más preciados. Le está dando una licencia para matar a uno de los violadores de derechos humanos más atroces del mundo”.

El historial de tiranía sangrienta en Arabia Saudita va mucho más allá que el espantoso asesinato de Khashoggi. El régimen monárquico asesina a docenas de sus súbditos cada año, especialmente de defensores de los derechos de la minoría chiita que vive principalmente en la provincia Oriental rica en petróleo y por medio de decapitaciones y ejecuciones en la horca. En marzo, en la más reciente ejecución en masa, fueron decapitados 81 hombres bajo órdenes de Bin Salman.

Nada de esto importa comparado al suministro de petróleo saudí al mercado mundial y sus lucrativas compras de armas, principalmente de empresas estadounidenses, para afianzar su papel militar crítico en la península arábica y en oposición a Irán, justo al otro lado del golfo Pérsico. Biden viajó a Riad en mayo para pedirle disculpas a Bin Salman por su retórica de campaña y suplicarle al gobernante saudí de facto que aumentara la producción de crudo para compensar por el recorte del suministro ruso por la guerra en Ucrania. En cambio, Bin Salman ordenó una reducción de la producción saudí, evidentemente buscando más concesiones de EE.UU. como la declaración del Departamento de Estado la semana pasada.

El acercamiento de Biden a Bin Salman es parte de un patrón general, según el cual Washington forja una red de autócratas y asesinos de todo el mundo para mantener su dominio global. Hace dos semanas, Biden viajó a Egipto para asistir a la cumbre climática COP27 patrocinada por la ONU. Ahí, fue recibido por el dictador militar del país, el presidente Abdelfatah El-Sisi, dándole sus manos ensangrentadas por los miles de trabajadores y jóvenes egipcios masacrados en el golpe militar de 2013 que aplastó un movimiento revolucionario en ciernes.

Biden aplaudió el papel de El-Sisi en Gaza, donde el régimen militar ha ayudado a apuntalar el dominio israelí sobre casi dos millones de palestinos por medios policiales y prácticamente cerrando la frontera del enclave con Egipto. Prometió mantener “nuestra fuerte asociación defensiva” y dijo que esperaba que “podamos incluso decir que somos más cercanos y fuertes en todos los sentidos”.

El presidente Joe Biden conversa con el dictador egipcio Abdelfatah El-Sisi, quien se ríe durante una reunión de la Cumbre Climática COP27 de la ONU, 11 de noviembre de 2022, Sharm el-Sheij, Egipto. [AP Photo/Alex Brandon]

Esta semana, la vicepresidenta bajo Biden, Kamala Harris se reunirá con el presidente filipino Ferdinand Marcos Jr., quien busca repetir el papel de su padre como dictador. Harris viajó a Manila el domingo después de asistir a la cumbre de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN, por sus siglas en inglés) en Tailandia.

En Bangkok, tuvo una charla cordial con el gobernante militar tailandés Prayuth Chan-o-cha, quien reprimió a los trabajadores y pequeños agricultores en nombre de la monarquía, los grandes intereses financieros y las potencias imperialistas, especialmente EE.UU. y Japón. Según el resumen de la reunión, ambos líderes “discutieron nuestra cooperación en seguridad… y los beneficios que nuestra alianza le ofrece a nuestro pueblo según promovemos un Indo-Pacífico libre y abierto”. Eso es jerga diplomática para describir el alineamiento de Tailandia con la campaña encabezada por EE.UU. contra China.

El informe indica que Harris “reafirmó la perdurable asociación entre Estados Unidos y Tailandia, arraigada en valores comunes, y discutió los esfuerzos para fortalecer nuestra cooperación en un conjunto de cuestiones bilaterales y globales”. El régimen militar tailandés ha disuelto Parlamentos, manipulado elecciones, prohibido partidos de oposición y aplastado violentamente las protestas antigubernamentales. La declaración de “valores comunes” tiene un tono amenazante.

Tanto los senadores demócratas como republicanos se pronunciaron a favor de la declaración del Departamento de Estado, citando los intereses geopolíticos del imperialismo estadounidense en Oriente Próximo como el tema primordial. El senador demócrata Mark Warner de Virginia afirmó, “Necesitamos ser lo suficientemente realistas para darnos cuenta de que Arabia Saudita ha sido un bastión contra Irán. Es un líder en una parte muy desordenada del mundo”.

El senador republicano Tom Cotton fue aún más franco. Cuando le preguntaron al respecto durante una entrevista en el programa “Fox News Sunday”, dijo, “Miren, si no tuviéramos aliados y socios que no siempre comparten nuestros sistemas políticos, nuestras sensibilidades culturales y sociales, no tendríamos aliados ni socios. Arabia Saudita ha sido un socio importante de Estados Unidos por 80 años. Los presidentes de ambos partidos han colaborado con ellos”.

Continuó: “Lo más importante sobre los Gobiernos de todo el mundo, no es tanto si son democráticos o no, sino si son proestadounidenses o antiestadounidenses. Y la realidad simple es que Arabia Saudita ha sido un socio estadounidense por 80 años”.

Hay algo más detrás del respaldo al asesino de Khashoggi por parte del Gobierno de Biden que quizás sea incluso más relevante que el papel específico del régimen saudí en la política exterior estadounidense. Como lo indica la declaración del Departamento de Estado, “A lo largo de distintas Administraciones, ha habido una práctica ininterrumpida en que Estados Unidos ha otorgado inmunidad a los jefes de Gobierno mientras estén en el cargo y esperamos que los otros Gobiernos hagan lo mismo para Estados Unidos”.

El antiguo abogado del Departamento de Estado, Brian Finucane, le comentó al Washington Post que todos los Gobiernos estadounidenses han estado preocupados sobre el enjuiciamiento de oficiales estadounidenses en tribunales extranjeros por crímenes de guerra y otros cargos. “El interés de reciprocidad yace en el centro de esta normativa”, le comentó al diario.

Cuando se trata de asesinatos y otros actos barbáricos ni Bin Salman, El-Sisi ni Marcos Jr. pueden competir con un presidente estadounidense. Las víctimas de las agresiones militares estadounidenses, los “asesinatos selectivos” y los bloqueos económicos (Irak, Irán, Corea del Norte) se cuentan en millones. Ningún Gobierno desde la Alemania de Hitler ha matado a tantas personas. Consecuentemente, todos los presidentes estadounidenses temen consecuencias legales.

A eso se debe que los líderes de la potencia imperialista más poderosa, Biden y compañía, pueden desafiar la maquinaria inocua de las Naciones Unidas y la Corte Penal Internacional con impunidad y minimizar los crímenes sangrientos de sus aliados y títeres como Bin Salman. Su caída no provendrá de las instituciones diplomáticas burguesas, sino de la movilización de la clase obrera estadounidense y mundial en un movimiento revolucionario contra el sistema capitalista en su conjunto.

(Publicado originalmente en inglés el 20 de noviembre de 2022)

 

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