
Imagen: «Libertad de información». Acrílico, acuarela y escombro sobre chaleco antibalas disparado. 2025. Dos Jotas, en la exposición G€NOC1DIO. FAL, Diciembre 2025.
Por Iñaki Alrui*
Hoy, 3 de mayo, es el Día Mundial de la Libertad de Prensa y hasta la mismísima ONU alerta sobre violencia, impunidad y represión transnacional contra los informadores.
Ejercer el periodismo se ha convertido en una actividad de alto riesgo. En lo que va de 2026, ya han sido asesinados 14 periodistas, y la impunidad sigue siendo la norma: solo uno de cada diez homicidios de comunicadores termina en rendición de cuentas, según alertó el pasado viernes la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (ACNUDH).
Los hombres y mujeres que se dedican al periodismo, la comunicación, la información mediante prensa tradicional u otros canales se enfrentan a un entorno cada vez más incierto que combina violencia física, presión política y asfixia económica, mientras su labor se vuelve “más necesaria que nunca” frente a la desinformación rampante que prospera en medios, plataformas y redes sociales.

Fatima Shbair. fotoperiodista palestina afincada en la ciudad de Gaza, Palestina
Gaza y Líbano, epicentros mortales
La cobertura de conflictos armados es el escenario de mayor peligro. Según la ACNUDH, se ha verificado el asesinato de casi 300 periodistas desde octubre de 2023, en su mayoría en el genocidio perpetrado por Israel en Gaza, muchos otros han resultado heridos. Y en lo que va de 2026, el Líbano se ha convertido en el país más mortífero para los profesionales de los medios.
En Sudán, los reporteros locales—a menudo los únicos que dan cuenta de la realidad de la guerra—trabajan en condiciones extremas: sometidos a violencia, brutalidad e incluso hambruna, mientras intentan continuar con su trabajo.
Represión sin fronteras

Fotomontaje: periodistas asesinados en Gaza
Lejos de las líneas de fuego, la situación tampoco es segura. Investigar corrupción, daños ambientales o crimen organizado conlleva graves riesgos para los informadores e informadoras, sus fuentes y sus familias. Actualmente hay unos 830 comunicadores, blogueros y periodistas detenidos en el mundo, que ademas de informar ejercen como defensores y defensoras de derechos humanos. Las leyes de difamación, desinformación, ciberdelito o terrorismo se utilizan cada vez más para blindar a los poderosos, convirtiendo los tribunales en herramientas de intimidación.
Acoso en línea y presión económica
Siguiendo los datos de la ACNUDH, el acoso digital afecta de manera desproporcionada a las mujeres periodistas: un 75% ha sufrido abusos en línea, incluidas campañas de difamación y violencia sexual. Aquí, en el estado español lo estamos viendo de forma continua, a destacar por lo escandaloso de la situación los ataques constantes contra la periodista y escritora Cristina Fallarás.
El estudio: “Periodistas sin Acoso: Violencias machistas contra periodistas y comunicadoras”, realizado por la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género y la Fundación Karisma en 2021, con una encuesta en línea a 470 periodistas y comunicadoras —127 hombres incluidos— de diferentes edades y lugares de Colombia, dejaba muy clara esta triste realidad cotidiana del acoso sexual a mujeres comunicadoras, blogueras, periodistas.
Paralelamente, la presión económica silencia voces críticas: en casi un tercio de los países, cierres de medios y despidos responden a intereses políticos o económicos. Por último está la precariedad. Recientemente, el sindicato CNT de Prensa y Comunicación publicaba la «Guía de colaboraciones: ¿Cuánto pagan los medios a los periodistas freelance?», un informe que saca a la luz las retribuciones mínimas que ofrecen decenas de cabeceras —públicas y privadas— por artículos, reportajes, fotografías y otros formatos, un trabajo muy esclarecedor para conocer la situación del sector.

Anthony Bellanger, secretario general de la FIP (Federación Internacional de Periodistas) declaraba a las vísperas del Congreso Mundial que se inicia mañana: “Lo que revela Gaza, de manera brutal, es una tendencia global: en los conflictos modernos, controlar la información se convierte en un objetivo estratégico, y los periodistas pagan el precio”, muy exclarecedor.
Nuevos tiempos, nuevas crisis y múltiples frentes se abren para el futuro, los modelos de negocio tradicionales que durante décadas sostuvieron a los medios se desmoronan ante la absorción de la publicidad por parte de gigantes tecnológicos y plataformas digitales, mientras las redacciones sobreviven en condiciones cada vez más precarias. Pero no solo es un tema económico. Los regímenes autoritarios y “democráticos” han dejado atrás los disimulos y hoy atacan a los periodistas con una escalofriante naturalidad: admitir a tramite denuncias sin fundamento, juicios arbitrarios, campañas de acoso orquestadas en redes o vigilancia digital se han convertido en el nuevo repertorio de la intimidación. Las recientes revelaciones sobre programas espía utilizados contra reporteros o las demandas judiciales contra denunciantes confirman una verdad incómoda: la batalla por la libertad de prensa ya no se libra únicamente en las salas de redacción. Se disputa con igual crudeza en los tribunales, en los parlamentos y en el territorio salvaje del mundo digital.
Hoy, Día Mundial de la Libertad de Prensa: a todas aquellas y aquellos que, pese a todo lo dicho, siguen peleando por transmitir una información veraz, ¡feliz día y ánimo para seguir!
* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos.
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