China es el centro de gravedad de la diplomacia mundial

MPR21                                                                                                                          Redacción                                                                                                                           21/05/26

 

Durante años los medios han retratado a China como una potencia atrapada entre Rusia y Estados Unidos. Como se acaba de demostrar, esta interpretación se ha quedado obsoleta. Pekín ya no busca mantener el equilibrio entre dos partes; se está posicionando como el eje en torno al cual deben evolucionar ambos.

La visita de Putin, inmediatamente después de la de Trump, no es casual. El Kremlin necesita saber qué buscaba Estados Unidos en Pekín. Cualquier reajuste en las relaciones chino-estadounidenses en materia de aranceles, semiconductores, sanciones, tierras raras, Taiwán o Ucrania, puede alterar los planes de Rusia.

Rusia entiende que, en un mundo donde se fortalecen los bloques económicos y los controles tecnológicos, China no puede ser simplemente un socio; es un pilar económico para Rusia, su baluarte diplomático y su base estratégica de retaguardia.

Pero la verdadera cuestión reside en otro lugar. Al recibir a los dirigentes de Washington y Moscú en el plazo de una semana, y específicamente en Pekín, Xi Jinping está mostrando al mundo el papel indispensable de China como mediador. El simbolismo es esencial; la diplomacia se lleva a cabo tanto a través de imágenes como de comunicados de prensa.

La visita de Trump estuvo marcada por una ceremonia de proporciones imperiales: honores militares, escolares ondeando banderas y banquetes en el Gran Salón del Pueblo. Pekín no solo daba la bienvenida a un presidente estadounidense; lo recibía como a un igual, incluso como a un pedigüeño.

La humillación cambia de bando

En China llaman “el siglo de la humillación” a la época que comenzó en 1839 con la Primera Guerra del Opio, cuando las grandes potencias comenzaron a apoderarse de territorios y a imponer concesiones comerciales mediante la guerra. Fue un largo siglo que no terminó hasta 1949 con la proclamación de la República Popular.

Desde entonces Macao y Hong Kong fueron devueltos, pero falta Taiwán que, desde 1949, subsiste para impedir que la República Popular cante victoria, gracias a Estados Unidos. Mientras no se reintegre, la República Popular no habrá puesto fin a su “siglo de humillación” por completo.

Trump ha viajado a Pekín en el peor momento posible, tras perder la guerra con Irán. Algunos creen que esperaba la ayuda de China para salir del atolladero en el que ha quedado en el Golfo Pérsico.

Por su parte, Xi Jinping afirmó inequívocamente que Estados Unidos era una potencia en declive y la guerra contra Irán ha marcado un punto de inflexión, que se suma a los de Vietnam y Afganistán. Hace tiempo que su papel de gendarme del mundo en un farol, e Irán lo ha dejado al descubierto.

Las monarquías del Golfo recurren a Ucrania en busca de protección. Los precios del petróleo se denominan en monedas distintas al dólar. Estados Unidos otorga un préstamo a Emiratos Árabes Unidos, que atraviesan dificultades financieras, para impedir que venda sus bonos del Tesoro a la baja. Sube los tipo de interés, por lo que sus deudas también suben.

Mientras, el Estrecho de Ormuz permanece cerrado por imposición de Irán. El mundo se enfrenta a una escasez de petróleo, gas natural, fertilizantes y otros productos químicos esenciales para las empresas del mundo.

Si Irán ha logrado humillar a Estados Unidos, le corresponde a China propinar el golpe de gracia.