American curios: Aniversario de un milagro

Fuente: La Jornada                                                                   David Brooks                                                                                   19.09.22

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▲ En este aniversario de La Jornada vale contar que para cubrir las notas de Estados Unidos se decidió cambiar el enfoque tradicional, casi siempre reducido a Washington, para ofrecer lo que este diario intentaba hacer en México: dar voz a los sin voz. Así, se ha dado cobertura a una larga lista de voces disidentes y estallidos sociales, como la rebelión antineoliberal de Seattle en 1999 (en la imagen).Foto Ap
La Jornada es un milagro colectivo que, desafiando todas las leyes de los mercados y de los seres racionales, nació hace 38 años de periodistas independientes apoyados por artistas, intelectuales, líderes sociales, estudiantes y seguramente algunas fuerzas divinas que apoyan las causas que los envidiosos llaman perdidas (las únicas que valen la pena) y, por supuesto, un universo de lectores que, en conjunto son nuestra comunidad jornalera.

En este aniversario vale contar que entre las tareas de esta aventura periodística estaba la de cómo cubrir Estados Unidos para esa comunidad jornalera y se decidió cambiar el enfoque tradicional casi siempre reducido a Washington para ofrecer lo que La Jornada intentaba hacer en México: dar voz a los sin voz y revelar no sólo la cara del poder, sino la del pueblo del otro lado de la frontera.

Esa tarea fue guiada por Carmen Lira –hoy directora, antes subdirectora y corresponsal en Estados Unidos– y por nuestro director fundador Carlos Payán, junto con los jefes y editores del periódico con el objetivo de revelar las entrañas del monstruo –como decía Martí–, tanto el quehacer de las cúpulas como las de las fuerzas democratizadoras y rebeldes dentro del gran poder.

Pete Hamill, gran periodista irlando-estadunidense y amante de México, comentaba que los primeros periodistas del mundo fueron esos cavernícolas que agarraban una antorcha para ingresar a una cueva y reportar a su comunidad qué había adentro para que tomaran decisiones sobre cómo proceder. Tratar de alumbrar y reportar desde el país más poderoso y rico de la historia no se puede hacer sólo repitiendo clichés sobre los gringos y reforzando los estereotipos (aun si tienen algo de verdad).

Por lo tanto, la intención de La Jornada no es sólo descubrir y describir los intereses imperiales dentro de Estados Unidos, sino también una larga historia antimperialista; de que además de que hay racismo y un clima antimigrante, también hay furiosas luchas por la igualdad y la dignidad, y una larga historia de lucha de inmigrantes para rescatar y democratizar a este país que sigue hasta hoy día. No se trata de sólo recordar la versión oficial de las historias de lucha por los derechos civiles y humanos, sino la historia desde abajo a veces encubierta; por ejemplo, no quedarse sólo con el discurso de Martin Luther King de 1963 sobre la igualdad racial, sino también el discurso antimperialista y por la justicia económica mucho más importante y peligroso de 1968.

Es reportar que, a lo largo de la historia Estados Unidos, hay quienes comparten la ira y amor de sus contrapartes mexicanas y latinoamericanas ante sistemas que deshumanizan a sus pueblos, que hay gringos que comparten con Camus ese deseo de poder amar a su país y a la justicia también.

Por ello, para La Jornada reportar y contar Estados Unidos se ha hecho sí, claro, informando sobre la noticia oficial, pero también buscando la otra historia de ese país con maestros destacados como Howard Zinn y Noam Chomsky, y una larga lista de voces disidentes desde granjeros y líderes sindicales hasta líderes inmigrantes, artistas y músicos e integrantes de estallidos sociales y movimientos como la rebelión antineoliberal de Seattle, Ocupa Wall Street, Black Lives Matter, movimientos indígenas y latinos, gays, comediantes y figuras políticas progresistas muy serias.

Esas voces disidentes, esas fuerzas democratizadoras dentro el autoproclamado faro de la democracia que hoy día está algo fundido por la amenaza neofascista, son tan importantes –tal vez aún más– como las que controlan la narrativa oficial. Son los disidentes estadunidenses, nuevas generaciones rebeldes, los inmigrantes conscientes que están transformando al país más poderoso del mundo. Y con ello, son los aliados potenciales claves para los que aspiran a la transformación política, economía y social de las Américas.

Esa es la noticia más importante desde Estados Unidos en el aniversario de este milagro llamado La Jornada.

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