
Las tecnologías integradas en los dispositivos modernos son un blanco potencial para los ataques y, por lo tanto, son susceptibles de transformarse en armas de guerra a distancia. En 2024 las explosiones mortales de las radios que portaban los miembros de Hezbollah fueron un buen recordatorio del riesgo.
También Elon Musk regaló un Tesla Cybertruck al presidente checheno Kadyrov que fue un regalo enveneado: alguien lo desactivó de manera remota a través de internet.
Por eso vuelven los teléfonos “tontos”. Muchos los prefieren a los “inteligentes” y lo mismo está ocurriendo con los coches, sobre todo en ciudades, como Moscu, donde los atentados terroristas se multiplican.
Una falla repentina y generalizada en los vehículos Porsche que circulan por la capital rusa los dejó inmovilizados, bloqueó las puertas y apagó los motores, lo que ha generado una intensa especulación sobre un posible sabotaje remoto.
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