Fuente: Iniciativa Debate Público/La Voz de Galicia
09/06/2013
Es imposible no sonreír al recordarlo: en 1974 Richard Nixon tuvo que dimitir por ordenar la grabación ilegal de unas reuniones en la sede de un partido político donde preparaban una campaña electoral. Eso era todo. Hoy casi produce ternura. En el mundo de 2013 el presidente que ha permitido un programa de escuchas ilegales que afecta, prácticamente, a casi toda la raza humana es un premio Nobel de la Paz que ni siquiera se disculpa. «No se puede tener el cien por cien de seguridad y el cien por cien de privacidad», decía esta semana Barack Obama, en un tono entre irritado y condescendiente. Seguridad y derechos como principios incompatibles. Es el discurso de un estado policial. Sigue leyendo