Han pasado cinco años desde que salió el número anterior, pero en ningún momento se me pasó por la cabeza dejar el fanzine. Sencillamente, he estado a otras cosas. Siempre en movimiento.
Durante este lustro, he recopilado o me han ido llegando distintas colaboraciones. Unas cuantas aparecen en este número, más del doble he tenido que descartarlas, seguramente, algunas podrás leerlas en el próximo número. No obstante, hay también mucha información actual, sobre todo en el plano musical.
“La Convención de la ONU (1948) define genocidio como todo acto destinado a destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”
En un mundo lleno de contradicciones, no sorprende que la exposición “G€NOC1DIO” tenga que ser explicada desde su presentación con milimétricas aclaraciones, dados los precedentes: “la exposición anterior,Rabia Mierda”, fue censurada el 12 de noviembre del pasado año. Sí, censurada, que en este país tan democrático igual que van a prisión personas por su labor política, sindical o artística, también se censura…50 años de censuras, se podría haber celebrado también este año entre los factos de 50 años de democracia.
“Diversas asociaciones sionistas han denunciado a músicos, artistas y festivales por supuestos delitos de odio. Ejemplos son el festival Rototom o la exposición Rabia Mierda en el CSO La Rosa, retirada tras denuncias y presión policial. Tres obras fueron señaladas y un artista tuvo que declarar ante el juez. No se trata de censura directa, sino de amedrentamiento, desgaste económico y silenciamiento mediante el miedo.”Byron Maher. Exposición G€NOC1DIO. FAL, Diciembre 2025.
Si la cosa siguiera el rumbo que parece estar llevando—y eso que yo no soy uno de esos pesimistas incurables—, en el futuro alguien contará que un día todo un pueblo se largó a la calle tras el asesinato policial de un quinceañero, y no le van a creer.Todavía menos cuando les quiera explicar que esto no sucedió una o dos veces, sino muchas, con diferentes tamaños y en diferentes sitios, pero muchas veces. Y podrían no creerle teniendo sobradas pruebas de lo opuesto. Ya a veces hoy cuesta creer la potencia movilizadora de la empatía, la indignación y el sentimiento ético.
Suiza es un país empeñado en arruinar su tradicional neutralidad. Ni siquiera durante la Guerra Fría enseñó el plumero de la manera en que lo está haciendo ahora. Aunque carece de costas y puertos, el viernes el Consejo Federal se sumó a las sanciones de la Unión Europea contra la “flota fantasma” rusa.
Rodeada de dos linternas realizadas con desechos, está Monica Ben en su aula en la escuela primaria Manyoshwa, en Seke, en el noreste de Zimbabue. Imagen: Farai Shawn Matiashe / IPS
SEKE, Zimbabue – Cuando vuelve a casa de la escuela, Monica Ben no solo lleva consigo un bolígrafo y unos cuadernos, sino también una linterna para iluminar la habitación y poder hacer los deberes, en su aldea de la provincia de Mashonaland Oriental, en el noreste de Zimbabue.
Conocida como linterna Chigubhu, botella en lengua shona, la bantú mayoritaria en el país, esta luz portátil es fabricada con materiales reciclados y ayuda a algunos escolares como Ben, una estudiante de 12 años de la escuela primaria Manyoshwa en Seke, una zona rural a 54 kilómetros de la capital de Zimbabue, Harare.
Amina Mohamed y Hassan Vuai Saburi, presentadores de la radio comunitaria Kati Radio de Zanzíbar, el archipiélago de Tanzania, presentan un programa matutino para concienciar a las comunidades sobre la importancia de proteger los entornos costeros y así combatir el cambio climático. Imagen: Kizito Makoye / IPS
DAR ES SALAAM, Tanzania – Al amanecer, en el estuario del río Rufiji, el más caudaloso de Tanzania, cubierto de manglares, los remos de las canoas de madera cortan las aguas tranquilas mientras una suave voz se desliza sobre la marea.
«Hoy hablamos de cómo las comunidades pueden proteger los manglares contra las inundaciones», dice el presentador Evalilian Massawe, de la emisora TBC FM, la Tanzania Broadcasting Corporation que se emite en frecuencia modulada.
Caroline Awuor cuida plántulas de árboles en su finca en el condado de Siaya, en el oeste de Kenia. Es beneficiaria del proyecto Mis Árboles de Granja. Imagen: Jackson Okata / IPS
SIAYA, Kenia – Durante años,Morris Onyango intentó reforestar su degradado terreno en las orillas del río Nzoia, en el condado de Siaya, en el oeste de Kenia. Pero cada vez que plantaba árboles en su finca, sus esfuerzos fracasaban porque las inundaciones no solo arrastraban las plántulas, sino también la capa superior de suelo fértil.
“La tierra se volvió improductiva y desnuda. Intenté recuperar la tierra mediante la reforestación, pero la tasa de supervivencia de los árboles era demasiado baja”, dijo Onyango.
El condado de Siaya, a unos 430 kilómetros de Nairobi, la capital del país, tiene 5,23 % de cobertura forestal y ocupa el puesto 44 entre los 47 condados de Kenia.