
María Corina Machado pidió en el 2018 una intervención militar al primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, sobre el territorio venezolano. Foto: EFE/Archivo
(Recordando a Luxemburgo ante la guerra económica contra Venezuela)
Si algo me enseñó la lectura del folleto Junius, de Rosa Luxemburgo ante la experiencia de la Primera Guerra Mundial, en 1914, es que los momentos decisivos se reconocen no por el ruido de los cañones, sino por el silencio cómplice de quienes dicen hablar en nombre de los pueblos.
Hoy, cuando Estados Unidos, con su habitual tono imperial, declara una y otra vez que Venezuela es una “amenaza inusual y extraordinaria” para su seguridad y despliega contra ese pueblo una combinación de sanciones, bloqueo financiero, operaciones encubiertas, intentos de golpe y amenazas militares abiertas, con el único objetivo declarado de apoderarse de las riquezas de las y los venezolanos, estamos como en agosto de 1914, ante una prueba histórica: ¿de qué lado se ubican los partidos que se dicen democráticos, progresistas, responsables? ¿Del lado de los pueblos o del lado del capital y del imperio?
En 1914, la mayoría del Partido Socialdemócrata Alemán votó los créditos de guerra. En vez de decir “no” a la matanza imperialista, se plegó a la consigna mentirosa de la “defensa de la patria”. Los diputados que habían jurado representar a la clase trabajadora aprobaron, sin
temblar, los fondos que enviarían a esa misma clase a matar y morir por intereses que no eran suyos. En ese voto se consumó la bancarrota moral de la Segunda Internacional y se abrió la puerta a la barbarie.
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