Juan López Torres 29/08/25
A principios de 2002 el gobierno de Estados Unidos comenzó a decir que el régimen de Sadam Husein disponía de armas de destrucción masiva y con esa justificación comenzó un año después la invasión ilegal de Irak para derrocarlo.
La guerra provocó la muerte de 4.400 soldados estadounidenses y de unos 300.000 iraquíes, costó entre uno y tres billones de dólares, según las diversas estimaciones, y muy poco después se pudo comprobar que el argumento utilizado para desencadenarla era mentira: en Irak no había ese tipo de armas.
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