Marcos Roitman Rosenmann 04/09/25
Una flota con ayuda humanitaria se despide del puerto de Barcelona. Su destino, Gaza. Buscan romper el cerco impuesto por Israel a la entrada de ayuda humanitaria. Son el testimonio de un mundo incapaz de parar la sinrazón de quienes buscan exterminar al pueblo palestino. En esta ocasión, cuentan con el apoyo solidario de millones de gentes que observan su travesía. En la despedida, banderas palestinas y el reconocimiento a un acto de valentía, no exento de peligro. Conocen sus límites. No son héroes, son la conciencia viva de este planeta. Reclaman humanidad. Sólo humanidad. Tienen fe en el ser humano, no aceptan la derrota.
No es un barco. Son decenas. Otros se irán incorporando a medida que avance la travesía. En ellos viajan miembros de la sociedad civil. Su representación es amplia. Las y los tripulantes son actores, médicos, periodistas, luchadores medioambientales, defensores de los derechos humanos. Saben a lo que exponen. Y han sido instruidos. Seguramente serán interceptados por la armada, la aviación y el ejército israelíes. Asimismo, son conocedores de las técnicas sofisticadas de torturas sicológicas practicadas por los servicios de inteligencia del Mossad. Sus medios de comunicación presentarán a la flota y a sus tripulantes como terroristas y una amenaza para la paz regional. Utilizarán adjetivos, les imputaran delitos y no pocos de ellos acabarán en sus cárceles.
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