

Por Iñaki Alrui* 24/09/25
La historia oficial nos cuenta que desde que el Seat 600 se extendió por España hasta la muerte de Franco, no pasó prácticamente nada salvo el viaje de Carrero Blanco; que todo era un trantrán gris y cateto; que aunque los Pirineos seguían siendo muy altos, la fiera ya casi no mordía. Que prácticamente nadie luchaba, y que toda la oposición y los sectores nucleares del propio Régimen coincidían en una misma y única estrategia de acción política: esperar a que Franco se muriera. De modo que, según esa tesis, el franquismo ya no era franquismo, sino una protodemocracia con mucha paciencia (la historia oficial dixit). La época del llamado «aperturismo».
En cambio, la historia no oficial nos dice que la lucha antifascista estaba muy viva, y que la represión franquista no solo seguía vigente, sino que de hecho se endureció aún más en esos últimos años, precisamente al acercarse la muerte de Franco, para garantizar que la Transición transcurriría como deseaban.
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