Cuando el noruego Fridtjof Nansen partió, en 1888, hacia la costa este de Groenlandia con la intención de atravesar por primera vez la isla ártica, el hielo marino –también conocido como banquisa– impidió a su variopinta expedición acercarse al punto de inicio previsto. Intentó acercarse en botes más pequeños, pero acabó tocando tierra casi 400 kilómetros más al sur de lo que deseaba.
Hoy Nansen no hubiera tenido ningún problema en llegar al punto de partida, lo cual nos hubiera dejado sin una de las grandes epopeyas de la exploración polar, narrada con humor nórdico en una extensa y extrañamente entretenida crónica.








