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En 1885, durante la conferencia de Berlín, el rey de Bélgica Leopoldo II, obtuvo de los demás países europeos el Congo, unterrtorio africano con una superficie de 2.345.000 kilómetros cuadrados, que pasaría a ser de su propiedad personal.
Desde entonces, siempre que tuvo oportunidad, recordó que no se lo regalaron sino que compró aquel terreno como cualquier otra finca. Lo que se le había olvidado es que el dinero procedía de un préstamo concedido por el Estado belga.
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Editorial de la Unión Palestina de América Latina – UPAL




