Entraron en nuestra casa sin llamar. No hubo tiempo para reflexionar. Sin saber por qué y cómo no fueron unos desconocidos. Sus nombres nos han acompañado durante toda una semana. Supimos inmediatamente quiénes eran.
Los medios de comunicación han sido prolíferos en informarnos. Tuvimos conocimiento de su número exacto, cinco, todos hombres, y se llamaban Shahzada y Suleman Dawood, Hamish Harding, Paul-Henri Nargeolet y Stockton Rush. Conocemos sus profesiones, edad, aficiones y destrezas. Sus vidas nos han sido trasmitidas para empatizar con el dolor que produce la muerte. Asimismo, nos enteramos de que eran gentes de bien. Sus historias han pasado a formar parte del relato. Un problema no identificado les perdió la pista. Marina, aviación, servicios de inteligencia de Estados Unidos, Canadá y Europa Occidental unieron sus esfuerzos en una cruzada por encontrarlos. Radares, satélites, drones, en fin, tecnología de última generación se puso al servicio del rescate.
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