Se trata de la inteligencia y, además, una de carácter artificial (IA). Enzensberger advierte que es probable que toda sociedad humana desarrolle su propio catálogo de virtudes, lo que consiste en aquellas que se consideran dignas de esfuerzo. Propone que en el caso de la modernidad, ser considerado moderno significa, entre otras cosas, ser inteligente. ( El laberinto de la inteligencia).
Añade que con la palabra latina intelligentia, los doctores de la Iglesia no sólo aludían a un atributo de Dios, sino que Dios mismo es la intelligentia suprema. Un reflejo de esto sería la teoría que apela a un diseño inteligente
en la creación del mundo y del ser humano, y que se contrapone a la Teoría de la Evolución darwiniana.
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