Sólo reinterpretando el pasado se explica el presente. Las derechas en Europa y América Latina comparten un fondo común, su desprecio a la democracia. Tras la derrota militar del nazifascismo en 1945 nació un pacto: el constitucionalismo republicano, asentado en el estado del bienestar. Con la caída del muro de Berlín, las sutilezas del consenso de gobernabilidad se fueron al traste. La derecha tomó la iniciativa y hasta hoy. Sobre una ideología libertaria
antiestatista
, belicista
y profundamente anticomunista, se levantó el mundo de posguerra fría, asentado en el mito de una economía y sociedad de mercado. En este contexto crecen los gobiernos progresistas de primera generación.