

Vivimos en un mundo enfermo, un planeta podrido donde matar seres humanos y arrasar poblaciones desprotegidas se ha convertido en una carnicera cotidiana que ya ni nos impresiona cuando los medios de comunicación nos la cuentan. Bombardear hospitales, arrasar escuelas con niños dentro, violar a mujeres indefensas y exhibir símbolos nazis forman parte de la diversión infrahumana que nos rodea y que genera el rentable negocio del que viven los países fabricantes de armamento. El mundo está infestado de psicópatas degenerados y políticos genocidas que fomentan las matanzas de seres humanos para exportar engendros bélicos y sembrar el terror entre poblaciones indefensas.



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