

En la Unión Soviética circulaba un chiste que, resumido, decía que hubo una vez que Churchill llamó por teléfono a Stalin y solo recibió noes como respuesta, aunque hubo un sí. Churchill lo contaba con orgullo, que había arrancado un sí a Stalin. Preguntado cuál había sido ese sí, Churchill dijo: «cuando le pregunté si me estaba oyendo».
Esto mismo es lo que acaba de pasar con la reunión que durante los días 28 y 29 ha mantenido el asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, con varios dirigentes chinos, incluido Xi Jinping. Por supuesto que el estercolero mediático occidental lo ha presentado como que el tipejo mafioso estadounidense iba a presentar a los chinos «un ultimátum», especialmente con la postura china en el país 404, antes conocido como Ucrania. Y ese «ultimátum» (los occidentales llevan muy metido el gen colonialista y solo entienden el lenguaje de la fuerza) le ha estallado en la cara. Tanto que se ha tenido que reconocer el fracaso de la visita. En lenguaje diplomático estadounidense «Estados Unidos y China no lograron avanzar en la discusión sobre la crisis ucraniana».



