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Las condiciones de degeneración del modo de producción capitalista se agudizan, y con ello toda una cadena de razones sistémicas confluye en el camino de la Guerra. Su crisis de sobreacumulación de capital tiene cada vez menos posibilidades de contrarrestarse, arrastrando tras de sí la dilución del valor y la mengua del plusvalor, la galopante reversión del capital a su forma simple de dinero, un endeudamiento público y privado insostenible, una economía crecientemente ficticia –con una inflación monetaria sin anclaje alguno al valor y un crecimiento con cada vez menor acumulación proporcional de capital– entre algunos de las más importantes consecuencias en el plano estrictamente económico o estructural.









