
Nico Castañeda 01/09/26

«El estado de excepción es el que decide si hay una situación de emergencia real y quién tiene el poder supremo para enfrentarla. La prueba definitiva de la soberanía no se halla en la normalidad, sino en la capacidad de suspender el orden jurídico»
Carl Schmitt, Teología política
El ciclo de acumulación en Chile —basado en el rentismo extractivista, la financiarización de derechos sociales y la superexplotación laboral— muestra signos profundos de estancamiento. Las tasas de ganancia y el crecimiento de la productividad han caído sostenidamente, lo que derivó en la revuelta de 2019. Cuando el capital pierde la capacidad de garantizar consenso mediante promesas de ascenso social o mejoras materiales, la hegemonía se fractura. Ante la incapacidad de resolver la crisis en el plano económico, el Estado debe compensarla en el plano coercitivo. La reforma de Kast, al constitucionalizar el estado de excepción y militarizar el orden público, representa lo que podríamos denominar coerción extraeconómica, es decir, el uso directo de la fuerza estatal para garantizar las condiciones de reproducción del capital cuando el mercado ya no puede hacerlo pacíficamente.













