mpr21 Redacción
Los ejércitos europeos no tienen armas pero, aunque las tuvieran, tampoco tienen quién las dispare. En los ochenta se profesionalizaron, pero los europeos no quieren ir a filas ni aunque les paguen. Se han convertido en fuerzas minúsculas, incapaces de participar una guerra entre iguales.
El ejército alemán envejece y, además, sufre una grave escasez de efectivos. Cada año se ponen a disposición 15.000 plazas y sólo se cubren dos tercios de ellas. Así, quedan vacantes 5.000 plazas. Los jóvenes ni siquiera se animan a alistarse aireando el espantajo de la “amenaza rusa”. El 20 por cien de los reclutas abandona el ejército a los seis meses de alistarse.
En junio el número de soldados no llegaba a 180.000 soldados. El gobierno quiere llegar a los 460.000 pero no sabe cómo. ¿Conscriptos?, ¿voluntarios?, ¿ambos? En caso de guerra, el gobierno de Berlín tampoco sabría siquiera lo que tiene que hacer, ni a quién llamar a filas.
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