

Hay fines de semana en los que solo queremos que el mundo se calle. Que el algoritmo no nos enseñe más tragedias, que el calor no nos derrita el alma y que nadie nos pida sonreír. Para esos días, proponemos lo contrario de la evasión: sumergirse. Mirar de frente lo que muchas veces se oculta. Escuchar voces que no se suelen amplificar. Dibujar lo que no nos enseñaron a ver. Y terminar la noche, sí, bailando. Pero sabiendo que hemos llegado hasta ahí por nosotras.








