
▲ Como Josh Rushing dijo, ser premiado por informar sobre el genocidio desde el país que ayuda a perpetrarlo es irónico. El sábado, familiares de las hermanas palestinas Zeina y Lana, quienes murieron en un ataque israelí, esperaban la entrega de sus cuerpos. Foto Ap
Reportar desde un país cada vez menos entendible e intentar hacerlo de forma coherente arriesga inventar lógica y racionalidad donde no la hay. Al hacerlo sobre y desde la cúpula, uno está en peligro de volverse cómplice con la locura oficial al informar de ella como si estuviera cuerda. A la vez, es obligatorio para cualquier medio comunicar la nota sobre el poder, la nota oficial.
Dan ganas de revisar la historia de cómo los medios cubrían a un tirano o un oligarca emergente antes de que aplastaran la libertad de expresión. ¿Se les daba el beneficio de la duda? ¿Por qué? ¿Hasta dónde?
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