
Aunque aún agobiados por la deuda y la austeridad, los países en desarrollo empiezan a trazar caminos alternativos a medida que un nuevo estado de ánimo se apodera del Sur Global.

Queridas amigas y amigos:
Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
Una cifra aterradora se cierne sobre las naciones más pobres: 3.400 millones de personas viven actualmente en países que gastan más en el pago de intereses de la deuda pública que en educación o salud. En 2024, según un nuevo informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la deuda pública mundial alcanzó los 102 billones de dólares, de los cuales un tercio corresponde a países en desarrollo. El impacto en estos países es especialmente grave: los mercados crediticios cobran a las naciones más pobres tasas de interés mucho más altas que a las más ricas, lo que hace que los pagos por el servicio de la deuda sean proporcionalmente más elevados para el Sur Global. Estados Unidos, por ejemplo, paga tasas de interés que son, en promedio, entre dos y cuatro veces más bajas que las que pagan las naciones más pobres.
En 2023, según el análisis de la UNCTAD, los países más pobres “pagaron 25.000 millones de dólares más a sus acreedores externos en concepto de servicio de la deuda que lo que recibieron en nuevos desembolsos, lo que se traduce en una transferencia neta de recursos negativa”. En lenguaje más popular: la riqueza social de los países en desarrollo está siendo drenada por los acreedores ricos, situados en su mayoría en el Norte Global.

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