

Pasando un poco del Este, vuelvo al Oeste con el tema de Venezuela. Tras el revuelo por el «éxito magnífico» del hundimiento de la supuesta lancha de narcotraficantes -y eso, en sí, ya da qué pensar-, como dijo Trump, hay un periodo de calma. Es el momento de analizarlo.
Trump, caprichoso y voluble, realizó fuertes declaraciones sobre su intención de «usar la fuerza» para poner fin a las actividades de los cárteles de la droga a quienes vinculó con la dirigencia de Venezuela y, de forma concreta, bajo la responsabilidad de Maduro. En el estilo habitual de los matones, ofreció una suculenta recompensa monetaria por su captura (nota al margen: desde ahora mismo, ofrezco 1 euro por la captura de cualquier descerebrado europeo que nos gobierna, así como 1 céntimo de euro por la de cualquier descerebrado que apoya a estos descerebrados; más cantidad me sería imposible aportar como recompensa dada la gran cantidad de unos y otros que existen). Eso es una absoluta tontería, como casi todo lo de Trump, pero esa tontería va acompañada del envío de fuerzas navales y del famoso hundimiento.
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