Fuente: La Jornada Luis Hernández Navarro
Con tal de ganarse un poco de dinero extra, el improvisado agente secreto proporcionó a sus patrocinadores reportes falsos sobre los avances de la subversión en la isla. Lo mismo inventó inexistentes colaboradores que pergeñó fantasiosos informes. Su desparpajo llegó al extremo de, utilizando los planos de una moderna aspiradora que vendía en su tienda, avisar a sus superiores que el gobierno cubano estaba fabricando una poderosa arma de destrucción masiva en las cumbres nevadas de la isla. Para tapar sus embustes, el agente Wormold se vio obligado a fabular mentiras cada vez más grandes.





