Fuente: La Jornada José Steinsleger /I 12.10.22
Italia unificada(1861), saboreo un exprés en el Antico Caffe Castellino. El rutilante pastel de mármol blanco enceguece. Fascismo innato, pienso. Pero en mi folleto de turismo dice que el altare fue erigido en 1911, y Benito Mussolini apareció 10 años después.
De repente, en la calle, una columna de alegres manifestantes entonando Bella ciao, la épica canción de los partisanos antifascistas. “¡Despedida del cavalliere, el Julio César de los medios!”, exclama el mesero en alusión al primer ministro Silvio Berlusconi.






