

Hay un lugar donde el tiempo se detiene. Donde las manos se mueven con una sabiduría heredada, donde el aceite tibio penetra la fibra y el cuero cabelludo respira. Ese lugar no siempre es físico. A veces es una tarde de domingo, un rincón de la casa, una conversación entre madre e hija mientras los dedos trenzan. Para las mujeres afrodescendientes, el cuidado del cabello afro es un refugio donde habita la calma, la identidad y la pertenencia. Donde, por unas horas, el mundo exterior y sus violencias quedan suspendidos.










