Gustavo Duch 08/11/25

Alberto Acosta, presidente de la Asamblea que aprobó la actual Constitución de Ecuador, me contó una anécdota que sucedió en su tramitación. Anécdota, pero muy significativa.
“Eran muchas las incertidumbres antes de la votación final. Muchas las presiones para que no se aprobara una Constitución que, entre otras cosas, incorporaba por primera vez en una carta magna, los Derechos de la Naturaleza. Podía ser freno de muchas explotaciones, extractivismos y otros desmadres propios del capitalismo. Cuando Eduardo Galeano conoció lo que allí se discutía, preparó un artículo vibrante, denominado ‘La Naturaleza no es muda’. Con dicho texto, Galeano quería apoyar una aprobación que no parecía probable al inicio del proceso constituyente. Yo, personalmente, me encargué de distribuir su escrito entre las y los constituyentes. Un asambleísta, de hecho, aprovechó también para leer en su discurso algunos fragmentos del artículo de Galeano: ‘La Naturaleza tiene mucho que decir, y ya va siendo hora de que nosotros, sus hijos, no sigamos haciéndonos los sordos. Y quizás hasta Dios escuche la llamada que suena desde este país andino, y agregue el undécimo mandamiento que se le había olvidado en las instrucciones que nos dio desde el monte Sinaí —-Amarás a la Naturaleza, de la que formas parte’. Finalmente, la Asamblea Constituyente y luego el pueblo ecuatoriano, aprobaron masivamente la nueva Constitución en un referéndum en septiembre del 2008.”
Seguir leyendo Palabre-ando. Cuando el pueblo está cansado, el neoliberalismo avanza →