En el primer día de 1994 –año que a la postre se tornaría catastrófico en la economía del país–, México se despertó estremecido por vientos revolucionarios que revivieron la esperanza de las comunidades indígenas que, con una historia de 500 años de resistencia a proyectos de opresión, veían nacer desde las montañas del sureste un poderoso esfuerzo reivindicativo expresado en el levantamiento en armas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), justo el día que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que aparecía como la encarnación actualizada de las fuerzas que han perpetuado la exclusión de las comunidades originarias en el país. Han pasado ya 30 años y esa lucha resiste y persiste hasta hoy.