Si tienen una manzana o cualquier fruta redonda a la mano, pélenla y traten de dar una forma plana coherente a toda la piel. Es decir, traten de extenderla a lo largo de un rectángulo que luego puedan meter sin problema entre las páginas de un libro. No es difícil, es simplemente imposible, para pesadilla de los cartógrafos que llevan enfrentándose al problema desde que el vasco Juan Sebastián Elkano completó la vuelta al mundo y confirmó que vivimos en una esfera.
Gerardus Mercator dedicó parte de su vida a solucionar el problema. La primera vuelta al mundo lo dejó fascinado durante su infancia y en 1552 se lanzó a la elaboración de un atlas global, tarea a la que dedicó 17 largos años y cuyo fruto fue una cosmografía completa en la que dibujó los fundamentos del mapamundi que, 500 años después, seguimos teniendo en mente.
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